No apto para papás con vértigo

By Marta

Seguro que todos nosotros, en algún momento de nuestra infancia, (al menos, los que vivíamos en Madrid ) hemos montado y disfrutado del Teleférico de Madrid.

Lucia llevaba desde el Jueves pachucha, “faringitis vírica Gl” , uno de esos maravillosos virus que no esperas que tus hijos tengan en estas fechas de calor y  con unos  síntomas tan maravillosos  como cefaleas, dolor de estomago, fiebre e irritación de garganta….. , vamos, que se nos planteaba un fin de semana de los mas divertido, jugando con los antitérmicos cada 4- 6 horas y aguantando miles de veces preguntas como “mamá, ¿podemos salir?, mamá, ¿podemos salir? me aburro”.

Como el sábado la cosa iba mejorando y habíamos conseguido controlar un poco a nuestra amiga la fiebre, estuve dándole vueltas  a la cabecita para ver que plan podíamos hacer, que fuera tranquilo, sin exponernos demasiado al sol y sin hacer demasiado esfuerzo, claro,  ¡MONTAR EN TELEFERICO!

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Enseguida se me vinieron a la cabeza miles de  imágenes de cuando íbamos mi hermana y yo con mi padre,  ¡nos encantaba!, mirando con la nariz pegada a la  ventana mientras escuchábamos cada una de las explicaciones de cada cosa que sobrepasamos, incluso me acuerdo de una ocasión de cuando el teleférico se quedó parado unos diez minutos y mi padre se inventó mil historias sin sentido para que no nos asustáramos,  mientras él,  estaba jurando en arameo.

Así que nos fuimos  al teleférico, en el coche, íbamos explicando a los enanos que era el teleférico, que se inauguró en 1969 y que lo construyó una empresa suiza,  pero ellos, ansiosos y nerviosos, no escuchaban demasiado.  Bajamos las escaleras que dan acceso al “Parque del Oeste” y llegamos, ahí estaba, no ha cambiado nada, pensé, pagamos las entradas y nos pusimos en la cola para poder subir

Al  montarnos en la cabina, Lucia y Jorge se sentaron muy formales uno en frente del otro, con papel y lápiz  para poder apuntar todo lo que iban a ver, (como os podéis imaginar Lucia si, pero Jorge no iba a escribir nada de nada…) y llegó el momento salir!.

El recorrido empieza sobrevolando el parque del Oeste, a una altura de unos 40 metros, de ahí,  que esta actividad no sea  muy recomendable para gente que sufra de  vértigo (como yo :(), se pasa por la antigua estación de Príncipe Pio, que ahora es un centro comercial e intercambiador de transporte publico, pero que por fuera, a pesar de su transformación y rehabilitación, has mantenido su esencia y apariencia original,  por las ermitas de San Antonio de la Florida y por  la famosa “Casa Mingo”.

Y después de  cruzar   la  M-30 y el rio Manzanares, muy  caudaloso después del  invierno que hemos tenido,  nos adentramos  en  la Casa De Campo, pulmón verde  de nuestra ciudad, pudiendo  apreciar la gran variedad de especies vegetales que tenemos, Castaños, sauces, plátanos o fresnos,; esto les encantó a los niños ya que la cabina sobrevuela esta zona a bastante baja altura y se ve todo perfectamente.

Pero a parte de todo lo que se ve directamente en el trayecto, era obligado echar  la vista un poco más allá y   no podemos dejar de mencionar  las vistas que  se tiene de toda Madrid, se pueden ver a la vez los   diferentes ambientes que tiene la capital, se ve el Madrid  antiguo, el Madrid de los rascacielos, el Madrid real junto a los jardines del Campo del Moro, la Catedral de la Almudena y San francisco el Grande o incluso el Pirulí y el planetario.

Después de menos de 15 minutos se llega  al alto del cerro Garabita, final del recorrido, donde  se puede desde  merendar hasta que  los niños se desfoguen dentro de un  parque infantil,  tirándose en una piscina de bolas,  saltar en camas elásticas o incluso deslizarse por un par de  toboganes, todo esto, mientras los padres se toman una cañita bien fresquita, sobre todo los que sufren de vértigo (como yo) que se la han merecido después de 15 minutos de “sufrimiento” y disimulo ante sus hijos.

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Aunque lo mejor es el mirador que tienen frente a un  todo Madrid, algo  que a mis hijos les  enganchó ya que a través de  los súper prismáticos que tienen  instalados, buscamos, bueno, intentamos buscar,  cada uno de los monumentos que habíamos ido viendo en el trayecto de ida.

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Tras recuperar fuerzas volvimos a coger la cabina para volver a casa, no sin antes tener una mini discusión al pasar por la tienda de suvenir…. (para los papás que sufran de vértigo (como yo :() el camino de vuelta se hace as llevadero, sobre todo si te pones de espaldas.

En resumen, podemos decir que este fin de semana, hemos realizado una de las actividades con mas solera que hay en Madrid, que este tipo de cosas hay que mantenerlas y enseñarlas a nuestros hijos por que es una manera diferente y original  de enseñarles nuestra ciudad.

teleferico madrid

Si os animáis , podéis ver toda la información en www.teleferico.com

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