Bem-vindo a Lisboa (Parte 1)

Llevaba una temporada queriendo ir a Lisboa. Además de bonito, no excesivamente lejos de Madrid, (bueno unos 625 kilómetros 🙂 , pero acostumbrados a subir a Galicia podríamos decir que no está excesivamente lejos) y siempre  había oído que era perfecto para ir con los peques.

La verdad es que desde que tomé la decisión hasta que lo llevamos a cabo ha pasado tiempo, siempre surgía otro plan que hacia retroceder a Lisboa en el escalón de las preferencias. Pero aprovechando los días de vacaciones de los enanos por “culpa” de Halloween y que nosotros en el trabajo no teníamos mucho follón  me lancé a organizarlo.

Tengo que reconocer que aunque el planing estaba muy calculado, la puesta en práctica fue un poco a “mata caballo”.  Manu como buen gallego me decía que en esas fechas nos podíamos encontrar con cuatro días horribles de lluvia y parte de razón tenía pues no dejaba de ser finales de Octubre, pero a medida que avanzaba la semana las previsiones de tiempo  parecían buenas y  mi compañera Inma (extremeña) me  decía que por en ese puente nunca llovía, así que en un ataque de “me lanzo a la piscina” me puse a buscar hotel.

Aquí es donde mi nube de algodón se deshizo, haciéndome caer de golpe a la realidad… la feliz idea de viajar a Lisboa no era solo  mía, otros tropecientos turistas la habían tenido igual y  gracias a mi indecisión la oferta de habitaciones en la ciudad no era demasiado amplia. Pero a toro pasado tengo que decir que la elección de hotel que tomé (eso sí, por eliminación) no fue para nada mala, aunque me sigue dando un poco de rabia no haberlo hecho con más tiempo ya que había oído que  las opciones que la ciudad lusa ofrece al hospedaje en familia son magnificas.  (Habrá que repetir jajajajaja).

Hice las maletas el jueves y el viernes por la mañana las cargamos en el coche, así que cuando salimos de trabajar solo tuvimos que recoger  a los peques y nos pusimos rumbo a la A5 que prometía estar colapsada.

Si, la A5 estaba hasta arriba, pero no fue tan trágico como me lo imaginaba y  el viaje no se hizo demasiado largo con siestas del papá y  peques, sumado con algún receso para repostar.

A las 21.45 hora española, 20.45 hora portuguesa (siiiii tienen una hora menos) estábamos cruzando el puente 25 de abril, ¡alucinante aun siendo de noche! y veinte minutos después (con un par de vueltas de más por eso de perdernos) entrando por la puerta del hotel.

Al día siguiente nos despertamos pronto y no por voluntad propia sino por lo de la hora menos jajaja. Hacia un día precioso que no podíamos desaprovechar así que cogimos fuerzas con el desayuno y a la calle… 🙂

Inciso de mamá: Si sois de los míos que os estudiáis los viajes antes de ir genial, pero si no os recomiendo que en Lisboa al menos lo hagáis  por encima,  tiene tantas opciones y cosas que ver que un poquito de organización anticipada  os hará ganar tiempo.

Si os parece…  este viaje os lo voy a contar en dos partes, los tres días de golpe  en un solo post puede llegar a ser hasta un poco pesado, así que en cuando acabe nuestro primer día pondré un “to be continue…“ y la próxima semana publicaré el resto con más visitas y experiencias.

Pero como siempre y antes de nada os quiero dar algún consejo para que vuestra visita sea perfecta.

Consejo 1: Lisboa, al igual que Roma está construida entre colinas, así que os vais a pasar mucho tiempo subiendo y bajando cuestas. Tenedlo en cuenta para llevar un calzado cómodo y un poquito de paciencia con los peques. Diría que el carrito no es buena idea en esta ciudad, pero no os agobiéis, el transporte público es bastante bueno para movernos por la ciudad.

Consejo 2: Lisboa es una ciudad templada. Los otoños y los inviernos en esta zona no son demasiado duros ni con demasiada lluvia. A partir de primavera las temperaturas son muy agradables pero con mucho sol desde Mayo a Septiembre, (y este año hasta noviembre) si vais por estas fechas, no olvidéis crema  y una gorrita para los peques.

Por eso, Lisboa es una ciudad que se puede visitar durante todo el año si adecuamos un poco la ropa con la época.

Consejo 3: Hay que tener mucho cuidado con las carteras y mochilas, las zonas turísticas de Lisboa son de las favoritas para los carteristas.

Consejo 4: Los horarios de Lisboa son algo diferentes a los nuestros. Aprovechando la luz del sol. Las tiendas y los museos suelen abrir a las 9.00 y cerrar sobre las 17.00-18.00, aunque siempre hay excepciones, sobre todo los Centros comerciales que abren de 10.00 a 22.00.

También existen diferencias en los horarios de comidas. Los portugueses suelen comer entre las 12.30-13.30 y cenan de 19.30 a 21.30, así que tenedlo en cuenta si pensáis vómer en algún restaurante que no sea de la zona turística.

Ahora ya,  si podemos empezar….

DIA 1. Centro histórico.

No se puede decir que se  conoce Lisboa sin visitar su casco histórico.

Jorge tenía muchas ganas de conocer “su” Castillo por lo que no podíamos empezar nuestra aventura lisboeta de otra manera que subiendo al Castillo de San Jorge (Castelo de Sao Jorge), así que nos dirigimos al barrio de la Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa, con pequeñas callejuelas en las que se puede ver lo más tradicional de la ciudad. En definitiva, una de las zonas más típicas de la ciudad  y en la que circula uno de los iconos de Lisboa, el tranvía, con una de las rutas más famosas, la ruta del 28.

Confesión de mamá: Tengo que reconocer que nuestro primer destino iba a ser en la primera parada de este mítico tranvía, pero cuando llegamos a las 10.00 de la mañana (hora portuguesa) la cola era de 3 horas según el encargado, así que os podéis imaginar que con dos niños pequeños esa opción no se podía ni considerar por lo que tiramos de piernas y la hicimos andando.

Moraleja de mamá: Si queréis montar en este tranvía, tenéis que hacerlo a primerísima hora de la mañana o a ultima, sobre todo en época de primavera- verano y festivos. 😉

Tras un par de cuestas empinadas o quizás tres, llegamos al Castillo de Lisboa, símbolo de la ciudad, un edificio fundamental en la reconquista portuguesa y  desde donde, gracias a su situación privilegiada encima de una de las siete colinas de Lisboa, se puede disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad.

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Jorge estaba emocionado paseando encima de sus murallas, sus cañones,  viendo las alacenas y subiendo a cada uno de los torreones.

OJO. Hay que estar atento con los niños, algunas de las zonas tienen poca altura de protección para ellos y puede que lo que es algo divertido se convierta por alguna imprudencia en algo peligroso.

Consejo de mamá: A nosotros no nos tocó una cola excesivamente pesada pero en el hotel nos comentaron que si vais en uno de esos días de turismo total, la cola para comprar las entradas puede ser muuuuuy larga, así que mientras un adulto se queda en la cola (por si acaso… 😉 , el otro se puede acercar con los peques directamente al mostrador y comentar que vais con niños, suelen vender las entradas sin esperar.

Por la tarde, tras reponer fuerzas en un restaurante que aunque original no os voy a recomendar jajaja, nos dirigimos  la zona de la Baixa, otro de los puntos importantes del casco histórico de la ciudad y que sería un pecado no conocer.

La Baixa (barrio Bajo) es la zona llana de la ciudad, con calles rectas en forma de cuadricula y cuya arteria principal es la Rua Augusta que atraviesa el barrio de Norte a Sur.

Aunque esta visita debería empezarse por el Norte, por la plaza de Don Pedro IV más conocida como el Rossio, nosotros lo hicimos al revés… Empezamos por parte más bonita para mi gusto, por la Plaza del comercio, también llamada la terraza de Palacio. Flanqueada por los costados con las colinas de Alfama y el Chiado y por el sur con la orilla del rio Tajo.

Qué bonito…. Cuantas fotos nos hicimos y a pesar de la gente que había cuanta tranquilidad se respiraba con el sonido del rio. Aprovechando que los enanos estaban sentados junto a la orilla les conté que la explanada que teníamos delante era la plaza más importante de la ciudad pues simboliza la apertura de Lisboa al exterior.

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Cotilleo histórico de mamá. Esta plaza era donde se recibían a las autoridades que visitaban la ciudad y era donde, antes del terremoto del siglo XVIII se encontraba el Palacio Real. En la actualidad la plaza está rodeada de edificios porticados entre los que se encuentran muchos de los ministerios de Portugal.

Tras un ratito aquí, nos dirigimos a la Rua Augusta y  mientras cruzamos el imponente arco de la entrada, les explicaba que los que las calles que veíamos no eran así antes, las olas que provocaron el terremoto en el siglo XVIII arrasaron la ciudad y se tuvo que reconstruir casi al completo.

Se notaba que esta calle es la zona turística por excelencia, sus aceras estaban llenas de restaurantes, tiendas de recuerdos y espectáculos callejeros.

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En nuestro paseo descubrimos el “Elevador de Santa Justa”, una imponente construcción en hierro que muchas veces, por su fisionomía se le atribuye a Eiffel pero no es correcto, su constructor fue portugués aunque discípulo del francés.

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Cuando leí sobre él me sorprendió descubrir que aunque su uso en la actualidad es casi en exclusiva para el turismo, tiene uno de los muchos miradores con los que cuenta la ciudad, aún hoy forma parte del sistema de transporte de Lisboa pues une los barrios de Chiado y la Baixa.

Consejo de mamá: Os digo lo mismo que en el tranvía, para subir aquí o venís a deshoras o con mucha carga de paciencia. 🙂

Casi sin darnos cuenta habíamos llegado a la plaza de Don Pedro IV(por la estatua del centro) o del Rossio, antiguo mercado medieval y punto de encuentro de los lisboetas, donde se encuentran la estación central y el Teatro Nacional Maria II.

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(foto: http://www.aboslutportugal.com)

Los enanos estaban cansados y buscamos una cafetería cerca para poder repostar energías, tuvimos la suerte de dar con la Confitería Nacional cuya terraza (en la Plaza da Figueria) tienen unas vistas espectaculares al Castillo de San Jorge.

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Los papis sabemos de sobra que si a un peque o no tan peque se le deja descansar después de un largo paseo será difícil volverlo a encauzar en la excursión y eso nos pasó con nuestros hijos. Menos mal que en esta plaza estaba una de las paradas de los autos turísticos de moda en Lisboa jajajaja. Los TUKTUK.

Yo solo había visto estos elementos de transporte en Italia, me parecían súper curiosos viendo a la gente dentro recorriendo las carreteras a una velocidad media no superior a los 80 kilómetros por hora.

Estos vehículos motorizados de tres ruedas  se inauguraron en  2012 y hoy en día es una de las opciones más usadas por los turistas en la capital. Hay mil opciones, recorridos y precios, a nosotros nos faltaba por conocer la zona del Chiado (barrio Alto) para acabar con el planning del día, así que contratamos una hora por 50 euros.

Cotilleo de mamá: El nombre del barrio procede de un fraile franciscano del siglo XVI que colgó los hábitos para dedicarse al teatro y  que se hizo tan famoso que hasta su nombre le pusieron a una de las zonas más elegantes de la ciudad en esos años.

Como nos reímos, parecía una atracción del parque de atracciones con las cuestas, los adoquines y el tráfico. En alguna ocasión llegué a asustarme un poco, pero lo tienen totalmente controlado. Como pasa en Italia…. “es un casino (lio) controlado”. 😉

Con nuestro TUKTUK paseamos por las callejuelas del barrio más intelectual y bohemio del casco histórico.

Cotilleo de mamá. Según nos comentó nuestro guía, este barrio también se ha tenido que reconstruir tras un incendio de 1988 y la pena es que con ella se perdió un poco el estilo tradicional, convirtiéndolo en más comercial.

Conocimos el Teatro Trinidade, la plaza “Largo de Camöes y la Iglesia dos Mártires. Llegamos incluso al Parlamento portugués y la Basílica da Estrala que la Princesa María Francisca Isabel ordenó construir en pago a su promesa al tener un hijo varón.

Pero lo que más nos gustó y me es imposible pasar por alto…

El mirador del jardín de San Pedro de Alcántara, que está al final de la Rua del mismo nombre , justo al lado del Funicular de la Gloria,  es un balcón perfecto para ver la imagen típica de Lisboa… fachadas de colores y tejados rojos.

Inciso de mamá: Los enanos se quedaron tan alucinados con el “funivía” que tuvimos que volver un par de veces para experimentarlo en persona….

A Brasileira, uno de los cafés más populares de Lisboa y que, aunque se fundó como tienda especializada en la venta de café de Brasil, en los años 30 se convirtió en el punto de encuentro de los artistas de la época.

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No pudimos evitar hacernos una foto con la estatua de Fernando Pessoa sentado en una de las mesas junto a la puerta.

El día acabó cenando en la Cervecería Trinidade, uno de los restaurantes más típicos del barrio Alto. Perteneció a un antiguo convento y está decorado con el típico azulejo portugués.

Consejo de mamá practica: Si os decidís a probarlo os recomiendo reservar antes, es muy conocido y siempre está lleno, en muchas ocasiones hay que guardar cola.

Ahora sí, no podemos más, nos vamos a la cama que mañana nos espera un día igual de intenso que el que estamos dejamos atrás…. “Sweet dreams”

Bs

To be continue……

2 pensamientos en “Bem-vindo a Lisboa (Parte 1)

  1. Hola!
    El 23 viajamos a Lisboa con dos peques uno de 3 años y medio y un bebé de 10 meses. Que los aconsejas visitar en Sintra? Ya que veo que todo será mucho tute.
    Otra cosa quitando el barrio de alfama el resto sin carro bien no?
    Gracias!

    • Hola Sara!
      Os va a encantar…. la verdad es que Lisboa tiene un montón de opciones y si, salvo Alfama que es horroroso de cuestas el resto es llevadero…. pero es mucho para los peques si vais pocos días…. Sintra tiene mucha cuesta también, está en una colina así que tomároslo con paciencia.

      Cosas que no os podéis perder en Sintra…. palacio de pena ( arriba del todo), quinta da regaleira ( en medio) .

      En el palacio de Peña si vais pronto se puede subir en coche pero el camino es un poco empinado y muchas curvas… impone un poco pero bueno, pero también hay autobuses que van haciendo el recorrido, de estos turísticos que puedes cogerlo y bajarte en los puntos que te interesan… tiene un parque precioso donde el peque puede corretear lo que quiera y luego el palacio, algo espectacular.

      La quinta da regaleira es un sitio súper
      Original, con un parque y pasadizos que el pequeño disfrutará un montón. Digno de ver.

      Luego tienes el palacio nacional de sintra que es justo lo primero que vais a ver cuando llegáis con sus chimeneas blancas y en forma de cono…. muy bonito pero quizás lo menos llamativo. Si decidís comer allí, justo enfrente de este castillo hay un restaurante conterracita donde se come fenomenal y bien de precio ( chequearlo primero por si ha cambiado)

      Ya en Lisboa no os podéis perder El Barrio de Belém con sus pastelitos, el monumento a los descubridores y la propia torre… todo flanqueado por otro parque maravilloso para los peques..

      Espero no haberte dado mucho la lata, ojalá que os toque un fin de semana con sol y que disfrutéis un montón….

      A la vuelta nos cuentas?
      Bs
      Marta

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