De Madrid al cielo

Cuántos de vosotros no habéis soñado alguna vez con volar…. bueno, yo no demasiado pues soy una persona con mucho, mucho, mucho  vértigo.  Jajajaja soy de esas que va al teleférico con sus hijos y se pone unas gafas de espejo para que no vean que voy con los ojos cerrados.

Pero a lo que íbamos… Seguro que muchos/as de vosotros, o vuestros peques habéis soñado con ser alguna vez como “Superman”, ese personaje que saca su capa, alza el puño hacia el cielo y sube flotando hasta el infinito. Tengo que deciros que salvando las distancias este deseo no se tiene porque convertir en frustración, desde hace relativamente poco se puede cumplir. Una vez más el hombre ha superado a la naturaleza y lo ha conseguido.

Desde hace  relativamente poco, el sistema que se ha usado por los paracaidistas profesionales para entrenar sus saltos se ha adaptado para que cualquier persona que tenga entre  5 y  100 años pueda experimentar la sensación de volar y sentirse como un pájaro.

Y esto, ¿Cómo funciona, en qué consiste?

Podéis imaginar que el mundo del paracaidismo no es uno de mis fuertes, nunca me había parado a pensar si entrenaban o se lanzaban al vacío directamente.  Así que cuando vi que existían este tipo de actividades para niños (para toda la familia) me puse a investigar un poquito en qué consistía.

Se trata de un cilindro vertical de aproximadamente 20 metros de altura y 4 de ancho, donde se suelta un flujo de aire que puede variar entre 180 y 300 kilómetros por hora, que dependerá de las condiciones físicas y habilidades deportivas que tenga el aspirante.

Después de leer esto la idea me atraía, pero me quedé un poco inquieta, soy aventurera pero no inconsciente. Si llevo a mis peques a un sitio como este habrá alguien supervisando el percal, ¿no?

Tranquilos… La actividad siempre se hace bajo la supervisión de profesionales certificados que antes de entrar en el túnel dan siempre unas nociones básicas para disfrutar al máximo la experiencia.

Ahora sí, una vez comprobada la seguridad de la aventura podía proponérsela a la familia. Y fue en las navidades del 2016 cuando nos estrenamos en esto de volar……

Buscando por internet descubrí que En Madrid hay hasta tres empresas que se dedican a volar:

*Madrid fly.

*Hurricane factory.

*Windobona.

Nosotros elegimos el tercero, por nada en especial, simplemente en ese momento la opción de niños estaba mejor.

Consejo 1 de mamá previsora: Este tipo de actividad es mejor reservarla con tiempo no vaya a ser que vayáis y os encontréis con 10 personas delante y os toque esperar, con peques esa espera se puede convertir en un calvario de preguntas y comentarios de que se aburren etc.

Consejo 2 de mamá previsora: Si tenéis hijos tímidos (como los míos) es mucho mejor reservar la primera hora, así se sentirán menos observados y evitareis una posible situación de… “yo no vuelo, que hay mucha gente”, lo digo por experiencia… ☹

Consejo 3 de mamá previsora: Toda la indumentaria va incluida en el precio, pero no olvidéis llevar zapatillas de deporte.

Yo, como mamá “hiper-mega previsora” compré las entradas con un par de semanas de antelación y a primera horita… mis peques aún eran de los que madrugaban todos los días como si fueran lunes, así que podíamos aprovechar esas horas que nadie en su sano juicio estaba activo.

La cita la teníamos a las 11.00 pero era necesario estar una hora antes para registrarnos, vestirnos, conocer a quien iba a ser nuestro instructor y que nos daría las nociones básicas para un primer vuelo, así que a las 10.00 ya estábamos cruzando la puerta.

Los niños estaban super nerviosos y yo la verdad es que yo un poquito también, en esta ocasión solo había cogido un bono para ellos dos y me preocupaba un poco que no congeniaran demasiado con el monitor. Pero tuvimos suerte, nos tocó Benjamín un argentino encantador que rápidamente se los metió en el bolsillo.

Tras vestirnos con el mono típico de vuelo (meno mal que yo no, hay que tener un cuerpecito perfecto para que eso te quedara bien 😊) fuimos al aula donde Benjamín les dio las nociones básicas para el vuelo y los gestos que tenían que hacer con las manos para ellos entenderse en el túnel.

Aclaración de mamá inexperta que pregunta todo lo que no entiende: Con la velocidad que corre el viento dentro del túnel, el hablar y escucharse es imposible así que aprender tres o cuatro gestos básicos es importante para tener un vuelo perfecto.

Ya estábamos listos para volar, ahora solo tocaba esperar a que nuestros nombres aparecieran en las pantallas como siguiente volador.

Fueron escasamente cinco minutos, pero a los peques se les hicieron eternos… menos mal que lo matamos poniéndose los tapones, las gafas y el casco.

Casi sin darse cuenta ya estaban dentro del túnel a la espera de poder entrar.  Nosotros desde fuera estábamos alucinados con el chico anterior, era fascinante como controlaba cada uno de los movimientos y las acrobacias que llegaba a hacer junto a su instructor.

Ya no quedaba nada y la cara de Jorge me iba avisando que probablemente ese día no iba a estrenarse en esto de volar. Jajaja.

 

Tras una exhibición de como se las gastaba nuestro instructor dentro del túnel en la que disfruté como una enana con tanta pirueta…

¡LLEGÓ LA HORA! Benjamín metió a Lucia en el túnel y ¡ZAS, Mi bicho grande volaba!

Los vuelos eran de escasamente de un minuto, pero se la veía disfrutar. Segundo a segundo, a medida que Lucia iba cogiendo confianza, Benjamín iba soltándola un poquito, primero la agarraba por la cintura, después por los hombros y finalmente por las manos.

La cara de Lucia (además de estar un poco deformada por el viento) era de felicidad, me encantó verla así pues suele ser una niña muy prudente, a veces incluso en exceso, característica qua la frena muchas veces a hacer cosas, pero en esta ocasión no, en esta ocasión se lanzó y estaba disfrutando.

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El minuto terminó y llegó el turno de Jorge, pero como venía sospechando desde hacía un ratito, el bicho pequeño no se atrevió. Pobre, se le veía con una encrucijada interior de por una parte le apetecía a morir, pero por otra su “osadía” le jugó una mala pasada. ☹

 Que no, que no, que no… Benjamín lo intento en varias ocasiones y nosotros desde fuera hasta le sobornamos con algo que ahora mismo no me acuerdo. Pero nada de nada, que no subía y que no… La única que estaba feliz era Lucia ya que, si él no volaba, su tiempo en el aire se doblaba.

Y así ocurrió, Lucia entró en el túnel hasta cuatro veces y en cada una de ellas se sentía más cómoda y suelta, verla así fue lo único que me consoló de la pena que Jorge no disfrutara de esta experiencia, estaba segura de que se iba arrepentir enseguida y así fue. ☹

“Mamá, que sensación más chula, así se tienen que sentir los pájaros cuando los vemos volar sobre nuestras cabezas. Mamá la próxima vez tenéis que hacerlo vosotros, es divertidísimo, he intentado reírme un montón de veces, pero el aire no me dejaba”  

YO, como mamá sorprendida en el cambio de papeles de mis hijos (Jorge suele ser el valiente y que todo le da igual, mientras lucia suele ser la más parada) la pregunté si no había tenido vergüenza, el túnel está en medio de la sala, junto a la cafetería y todo el mundo que esta esperando te mira. Pero ella me contestó…. “Mamá, eso se te pasa en el primer segundo, desde que Benjamín te invita a entrar y te recuerda la postura (tumbada con barbilla hacia arriba) tienes que estar más atenta a eso que a la gente, además, con las turbulencias que sentía en mi cuerpo solo veía cabecitas borrosas a mi alrededor, jajaja”. Toda esta parrafada sin parar de reír.

Fueron escasamente cuatro minutos y viéndolo así puede parecer poco para el precio que se paga, pero os puedo asegurar que para los peques es más que suficiente, aun es hoy dos años después, que me recuerda esos cuatro minutos fantásticos volando sobre la cresta del viento.

Al terminar la experiencia la salida de cada uno de los cuatro miembros de esta familia fue totalmente diferente.

Lucia salió encantada con su diploma que guarda en nuestro álbum de recuerdos familiares con mucho orgullo y con el que quiso fotografiarse a la salida.

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Jorge salió enfadado, quería haberse montando y antes quitarse el caso se estaba arrepintiendo. “Mamá vamos a volver, que ahora si me monto, te lo prometo”

*No hay foto del momento, no me dejó.

Y Manu y yo…… por una parte alucinados de como nuestra hija se había lanzado a la aventura sin ningún tipo de reparo. Por otra parte, un poco tristes porque sabíamos que el enano en el fondo tenia ganas de intentarlo y estaba enfadado consigo mismo por no haberlo hecho. Y por otro lado… MUERTOS DE ENVIDIA con la experiencia, tanto que a la siguiente nos prometimos que nos apuntábamos nosotros también.

Con la vida del día a día lo hemos ido dejando, pero ahora que Jorge ha crecido un poco ya le estamos dando vueltas para coger un bono familia y a ver lo que pasa. Cuando ocurra, prometo foto.  😊

Os dejo aquí el enlace de Windobona para que veáis las diferentes opciones que tienen… vuelos individuales, vuelos en grupo, cursos de iniciación o perfeccionamiento. ¡Ah! No se me puede olvidar deciros que hasta organizan cumpleaños

Venga, ahora decidme que después de leer esta entrada no os pica, aunque sea solo un poquito, la curiosidad de cómo será…. 😉

Bs

 

 

 

 

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