Una escalera en el agua.

Ramón, mi profesor de tenis llevaba tiempo  diciéndome que a mí, que me gusta salir de Madrid y conocer cosas bonitas, no podía perder la oportunidad de conocer uno de los pueblos más escondidos de la provincia de Guadalajara  y a la vez, uno de los más bonitos de España. Así que aprovechando uno de esos fines de semana de Diciembre  en el que un sol radiante invitaba a estar fuera de casa no lo dudados y nos fuimos a la aventura.

Salimos prontito por la mañana, nuestro destino está a unos 130 kilómetros de Madrid y algunos de ellos pasan por carreteras comarcales, así que aquí va el primer consejo de mamá precavida: Tomaos el viaje con calma, no hay prisa y el paisaje bien merece la pena disfrutar.

Pero este primer consejo se tiene que completar con el segundo: El pueblito al que vamos es uno de los más visitados en la zona, sobre todo en primavera, así que no os retraséis en salir ya que en el pueblo está prohibido pasar en coche (algo que se agradece) y aunque habilitan un parking gratuito durante los fines de semana, se llena rápido.

Sobre las 11.30 y después de alguna curva que otra comenzamos a ver nuestro destino al fondo del paisaje. Un cartel que ponía  “Valverde de los Arroyos, uno de los pueblos más bonitos de España” nos recibió en la entrada y la verdad, es que solo habiendo echado un vistazo general ya nos dijimos que no se equivocaba.

Este pequeño municipio que apenas llega a los 100 habitantes censados, se encuentra en las faldas del Pico Ocejón en la sierra de Ayllón y a medida que te vas acercando sientes como, a pesar de no estar lejos de Guadalajara o incluso de Madrid, es un pueblo que gracias a su situación entre montañas parece en cierta manera oculto al resto, algo que creo le ayudado a mantener su identidad y esencia a lo largo de los años.

img_546464

(Foto: Wikipedia)

Valverde de los Arroyos al igual que Patones, (del que ya os hablamos aquí)  pertenece a esos pueblos denominados de “Arquitectura negra” que se caracterizan sobre todo por  la pizarra usada en sus construcciones.

casas con habitaciones pequeñas, grandes chimeneas y  paredes gruesas  cubiertas de ese material de color negruzco  surgen por la necesidad de los habitantes de estos pueblos para protegerse del clima tan extremo que tienen durante los inviernos.

Curiosidad de mamá: ¿Sabíais que este tipo de pueblos que se encuentran en la sierra de Guadalajara están en proceso de declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO?

Una vez aparcado el coche nos pusimos a caminar y a escasos metros ya nos topamos con la Plaza mayor del pueblo, plaza muy cuidada con una gran fuente en el centro que me recordó a los típicos pueblitos de montaña suizos.

Valverde es un pueblo chiquito que no se tarda en recorrer.  Rodeado de naturaleza,  envuelto en silencio que solo se rompe con el sonido de algún pájaro o ráfaga de viento, con sus chimeneas humeantes para calentarse del frio y dentro de un escenario de pequeñas casitas de de piedra y madera que  ayudan a que los peques se vean paseando dentro de un cuento de hadas, por ejemplo y como me dijo Lucia, por las calles de “la bella y la Bestia” 🙂

Pero no se puede venir a Valverde de los Arroyos y quedarse en el mero turismo “urbanita”. Todo el que venga hasta aquí tiene la obligación de conocer la parte  “natural” de la zona y que mejor manera de hacerlo que con   una pequeña excursión hasta la  Cascada o chorrera  de Despeñalagua.

¡No os asustéis! ya sabéis que yo no soy mucho de campo y  puedo asegurar que la experiencia  me encantó y los enanos se divirtieron de lo lindo.

Fijaos si la ruta es sencillita que  casi todo el mundo que viene a descubrir Valverde aprovecha la ocasión y la hace, de aquí que haya ciertas épocas del año que la ruta puede estar bastante concurrida o incluso parecer la Gran vía en época navideña jajajaja.

Por eso y antes de empezar con nuestra experiencia con la aventura os doy  mi primer consejo de mamá aventurera: Esta ruta no es apta para gente claustrofóbica o que no le guste la multitud.

Si,  la mejor época para ir es primavera que es cuando mayor caudal de agua cae, pero no busquéis el fin de semana idóneo con un solazo tremendo y unas temperaturas ideales, esa idea la tendrán  muchos más y aunque el  inicio del camino es amplio, a media que se acerca a la cascada se va estrechando y si en algún punto queréis dar la vuelta… con  mucha gente será difícil hacerlo de manera sencilla.

Ojo que nosotros hemos ido en Diciembre y la vista era espectacular.

Segundo consejo de mamá aventurera: Hay que llevar calzado apropiado, incluso me atrevería a decir que llevéis uno de repuesto con un par de calcetines de más. , es fácil sí, pero no dejas de estar caminando en un paisaje rocoso con tramos al lado de arroyos y creo que a todos os pasará eso de que cuando un niño ve agua….. la toca, ¿no? jajajaja

¿Empezamos?

El inicio de la ruta no tiene perdida. Dejamos la fuente de la Plaza Mayor a nuestras espaldas y subimos el camino que llevaba a los campos de futbol. Aquí nos encontramos un cartel que nos indicaba las posibilidades de rutas que hay en esa zona y seguimos  hacia la chorrera.

Al principio el recorrido era prácticamente llano, los cuatro íbamos paseando y saludando a los que nos cruzábamos que ya venían de vuelta. Tras unos 15 minutos el sendero se va metiendo en caminos más rocosos, estrechos y con un poco más de pendiente.

En cierto punto nos encontramos una especie de bifurcación, pero tomando la cascada como guía, tiramos a la izquierda y empezamos a ser  conscientes de la grandiosidad de la Chorrera.

img_1474

Yo como siempre, antes de hacer cualquier cosa ya había explicado a los enanos y al padre de las criaturas que es lo que íbamos a ver, nos apetecía un montón pero no esperábamos  sorprendernos después de lo que habíamos visto en una de nuestras excursiones en Alemania (aquí), pero  cuando vimos al fondo del paisaje toda esa agua cayendo a esa altura se nos abrió la boca involuntariamente. Si se veía así a nuestra distancia, ¡como tenía que ser desde alli!

En fila india íbamos subiendo poco a poco por el caminito. Cruzamos riachuelillos, seguimos saludando, dejando pasar a aquellas personas que iban más rápidas que nosotros mientras nos contábamos historias o escuchábamos las de otros que nos ayudaban a conocer un poco más este tesoro Natural.

Confesión de mamá: Tengo que reconocer que la que escuchaba a los demás era sobre todo yo pues desde muy pequeñita tengo fama de cotilla…. Mi madre siempre cuenta la vergüenza que pasó un día en una terraza cuando la mandé callar muy enfadada ya que no oía a la mesa de al lado.  Cosas de niños  pensareis, esto no de vergüenza, pero la cosa cambia cuando termina el relato diciendo que ella no fue la única que escuchó mi reprimenda, fue ella y el resto de mesas de la terraza (incluida la que me interesaba a mi 😉  ) .

Esta habilidad fue creciendo con los años hasta conseguir atender dos conversaciones a la vez, además de mantener una yo coherentemente. ¿Cotilla? no lo sé, quizás un poco.  No lo hago a todas horas, solo en momentos puntuales y sobre todo cuando tengo que estar atenta con lo que me pueden liar los enanos mientras creen que estoy a otra cosa jajaja, además  como se aprovechan los demás cuando me preguntan (que también son cotillas sin admitirlo) y lo que se aprende escuchando….

En fin, a lo que vamos…. De todas estas historias me quedé con una en especial,  no sé si será verdad pero me cayó tan bien el personaje de la historia y el narrador parecía experto en la materia así que os la voy a contar.

Contó el experto a su grupo  que este camino no tiene un origen natural sino que fue una idea de un tal Agapito, un habitante de Valverde que a finales del siglo XIX empezó sin ayuda de nadie, con su pico y su pala, a cavar para llevar el agua a las huertas de pueblo. Eso sí, cuando la gente vio que la cosa funcionaba y que no quedaba casi nada para terminar decidieron participar.  Os podéis imaginar que supuso eso para el pueblo, ¿verdad?

“Claro, cuando ya no quedaba nada (me dijo Lucia cuando se lo conté) que cara tenían en esa época”.

Inciso de mamá: ¿veis como escuchando se aprende mucho? 🙂

Tras aproximadamente 35 minutos llegamos al destino. Justo a los pies de un gran nogal se encuentra la cascada a la que nos podemos acercar junto hasta sus pies por un pequeño senderito. Las cabezas de los niños miraban al cielo viendo con que fuerza caía el agua a escasos metros de ellos. La página oficial del pueblo indicaba que la caída vertical del agua es de unos 80 metros aunque a nosotros,  desde ahí abajo, nos perecieron  muchos más.

Estuvimos  un buen rato allí… era un gusto ver correr el agua y escuchar el rumor de la cascada. El sitio es precioso, respiras una tranquilidad que incluso llega a ser un poco abrumadora si estas acostumbrada, como yo, al ruido de la ciudad.  El agua es totalmente cristalina y te permite ver lo que hay en el fondo.

Además, si el nivel del agua os lo permite os podréis acercar a la cascada a sacaros una foto, incluso podréis cruzar al otro lado, pero cuidado, nunca lo hagáis por las piedras que estén mojadas, resbalan mucho.

Comentario de mamá: Nosotros optamos por comer en uno de los restaurantes del pueblo, pero justo debajo de la cascada hay varias zonas donde se puede descansar e incluso hacer un picnic si os lleváis la comida.

Pero todo lo bueno llega a su fin y nuestro amigo el hambre ya llamaba a la puerta de los enanos, un hecho que no nos permitió demorar la vuelta ni un minuto más.  Como ya sabíamos a dónde íbamos el regreso fue más divertido, saludamos  a los que iban subiendo o ayudamos a los que iban un poco perdidos.  Teníais que ver a los enanos dando indicaciones como verdades boyscouts. 🙂

Si tengo que poner un punto negativo a nuestra experiencia diría que al ser Valverde de los arroyos un pueblo pequeñito tiene poca oferta de restaurantes y  si a eso le súmanos que fuimos un fin de semana en el que había un encuentro familiar con más de 50 personas y que se nos olvidó reservar…….. Pues eso, que acabamos picoteando algo rápido  en uno de los bares.

Así que… OJO, consejo súper importante de mamá escarmentada: Si decidís venir a Valverde de los Arroyos sin idea de hacer un picnic.. RESERVAD el día anterior. 😉

A pesar de eso, tenemos que decir que nuestra excursión fue  todo un éxito. Nos encantó el pueblo, nos encantó el paseo, la cascada y lo más importante…. pasamos un día  fantástico en familia.

Ya nos enamoró Patones en su día y con Valverde de los Arroyos  hemos comprobado una vez más  que la fama que tienen estos rincones de la arquitectura negra es de sobra merecida, así que seguiremos descubriéndola. ¿Nos acompañáis?

Bs

Bodegueros por un día

Pues sí, ya estamos en otoño y como ya os adelantamos en la entrada de la semana pasada es la época de vendimia, la guinda al esfuerzo y al trabajo de todo un año.  Cuando viajas en esta época por zonas de vino se puede ver desde la carretera enormes extensiones de tierra que con sus colores nos muestran s que sus frutos ya están preparados para ser recogidos.

Hace unos años ni me lo había planteado, la idea de conocer una bodega siempre había rondado en nuestros planes de ocio, pero era de esos planes que nunca encontrábamos el momento, lo fuimos dejando y casi sin darnos cuenta llegaron los peques a nuestras vidas.  El plan seguía en nuestra cabeza, pero no nos parecía que fuese el mejor para hacer con niños, no por nada, sino porque probamente les aburriría. Y cuando “San internet” me ayudó a descubrir que algunas bodegas hacían jornadas en familia no lo dudé ni un segundo.

El año pasado visitamos la zona de Ribera del Duero y tanto nos gustó la experiencia en las bodegas del grupo Pesquera que a mí me entró el gusanillo de conocer un poquito más sobre esta manera de vida y las diferentes Denominaciones de Origen que tenemos en España.

Así que este año, decidí ampliar mi campo de búsqueda y el dedito en el mapa me llevó a la Rioja y así conocer de primera mano la Denominación de Origen Rioja, esa que no ha hecho famosos por todo el mundo.

De las opciones que vi, una bodega me llamó especialmente la atención, las “Bodegas Franco- Españolas”, que definían su actividad de la siguiente manera: Vendimia en Familia es una enoexperiencia diseñada para que disfrute toda la familia. En este día niños y mayores aprenden a vendimiar, recogen la uva que después convierten en mosto... ¡¡¡pisándola!!!  ¿divertido, ¿no?

img_466546

Me pareció una combinación perfecta…una de las bodegas más importantes de nuestro país nos daba la oportunidad de compartir con ellos uno de los momentos más importantes de su vida, vendimiar y encima en familia. Aprender y divertirse, mayores y pequeños… ¿Quién puede pedir más?

No lo dudé ni un momento, envié un mail preguntando si era posible reservar cuatro plazas para la jornada del 24 de septiembre y en el mismo día ya tenía la contestación.

Inciso de mama: Tengo que reconocer que Bodegas Franco-españolas está muy bien organizados, para poder visitar la bodega o asistir a una de sus jornadas, es imprescindible reservar antes, además, el pago se hace por adelantado y ellos mismos te envían el enlace para que puedas hacer el pago por PayPal o tarjeta de crédito. Así son capaces de atender a todos sus visitantes de una manera exquisita y encantadora por parte de sus trabajadores. 😉

La cita era a las 11.00, nos pidieron que llegáramos unos diez minutos antes y como la familia Naya es de esas que tiende a perderse en cualquier sitio nuevo al que vamos ya a las 10.30 estábamos en el coche metiendo la dirección en el GPS.

Inciso de mamá: Si, nos perdemos aun usando el GPS, somos como Bustamante que cuando va con su hermano a algún sitio en coche, visitamos a todos los primos y amigos que conocemos por la zona. jajajaja 

Nuestra primera sorpresa fue cuando descubrimos que las bodegas están en pleno Logroño. Nosotros no conocíamos la ciudad de antes y cuando Patricia nos dijo que la Bodega estaba justo al final del puente de hierro, pensamos que era un puente de hierro en medio del campo, ¡pero no!, el puente de hierro (tal y como descubrimos después) está en pleno centro de la ciudad.

img_0584

 Nuestra segunda sorpresa fue ves que no éramos los únicos “locos” a los que les gustaba este tipo de actividad, muchas familias estaban en el hall esperando a que la aventura comenzara.

A Las 11.00 en punto y con exacta puntualidad riojana apareció Soledad en el hall y con voz dulce dijo que nos iba a llamar uno a uno para chequear que estamos todos y poder comenzar con la mañana de vendimia.

Tras el recuento Soledad comenzó a hablar de manera pausada, muy agradable y empática, captando la atención de grandes y pequeños mientras nos contaba en cómo iba a desarrollarse la mañana. Íbamos a aprender de primera mano los secretos que un buen bodeguero tenía que saber a la hora de recolectar la uva, vendimiaríamos, pisaríamos la uva como se hacía antiguamente y recuperaríamos las fuerzas con un gran aperitivo bañado con sus vinos más conocidos junto con el mosto que habíamos pisado antes. Después, mientras los peques hacían una eno-actividad con las animadoras, los mayores tendrían la oportunidad de conocer un poco más de la bodega a través de sus instalaciones.

Que nervios…. ¡Que ganas teníamos de empezar!

Ya al aire libre nos llevaron frente a las viñas que al ratillo iban a ser nuestros conejillos de indias a la hora de vendimiar.  Soledad nos explicó un poco los diferentes tipos de uva que se permiten en la Denominación de Origen de Rioja.

Después y aunque los mayores podíamos tener alguna idea, Soledad dedicó un ratito para explicar a algún despistado y sobre todo a los más peques algunas cosas que todo buen bodeguero tiene que saber. Por ejemplo….

¿Qué es la vendimia?

No es otra cosa que cortar las uvas con un “corquete” o tijera, transportándolas en cestos hasta los comportones (vasija de madera de forma alargada, con más ancho en la boca que en el pie y que se usa para transportar las uvas) y de ahí al carro o camino. Cuando éste esté lleno se lleva hasta la bodega para su procesamiento.

Pero no todas las uvas sirven ¿Cómo podemos saber que una uva esta lista para su cosecha?

Hay que saber muy muy bien cuando una uva está lista o cuando no y para eso Soledad nos pidió que cogiéramos una uva verde y otra roja en la mano. ¿Qué mejor manera de aprender que en primera persona e instiu?

img_0424

Nos dijo que se podía saber si una uva esta lista por tres cosas.

img_0423

La piel.

No sé si os habéis fijado, pero siempre que se toca una uva se nota como una capa cerosa sobre ella, si ponemos un dedo sobre la uva y queda la marca del mismo indica que esta uva está lista.

Si el color de la uva blanca es verde suave, su piel transparente y dura, esa uva está lista.

Si el color de esa piel en la uva roja es negra y dura, esa uva está lista.

Las pepitas.

Si desnudáis a la uva y las pepitas marrones, esa uva está lista.

img_0429

El sabor.

Si cuando la probamos tiene un sabor denso y poco acido, esa uva está lista.

Dicho así parece sencillo, pero ni mucho menos, el proceso de saber cuándo una cosecha está lista es bastante complejo, largo y medido al milímetro. A partir del 25 de agosto se hace un muestreo de uvas y cada semana se mira como sube el azúcar y baja la acidez. Así y dependiendo de cómo ha sido el verano y septiembre la fecha de vendimia variará, por ejemplo, este año gracias a la sequía del verano, la vendimia se calcula que empiece hacia el puente del Pilar.

Inciso de mamá: Alguno tuvo que catar un par de veces para estar seguro de que la uva estaba lista… jajajaja

img_0431

Terminada la cata de uvas y cerciorarnos que estaban listas para recoger, alguna instrucción de como cortar los racimos (una mano debajo del racimo y lo corta) nos equipamos de cestos, de tijeras los peques y de corquetes los mayores…

 3,2,1… ¡comenzamos!

Alucinante, vaciamos los cestos tres veces de media cada familia, esto parecía el avituallamiento de Baco en una de sus fiestas. Jajajajaja.

Al terminar Soledad nos llevó a la zona del jardín donde cuatro grandes cubos repletos de las uvas recién recolectadas nos esperaban. Os podéis imaginar la cara de los más peques, ¿verdad?

Casi sin darme cuenta tenia a Lucia con el pantalón remangado hasta las rodillas y descalza, esperando en la cola para lavarse los pies antes de pisar la uva.

Confesión de mamá: Yo también me puse en la cola para pisar la uva jijiji. Era una novedad para mí y era una ocasión perfecta para hacer algo así sin que mis hijos me pregunten si estoy bien. 😉

Si tuviera que explicar la sensación que tuve al pisar toda esa uva no sabría cómo hacerlo. En un principio la sensación fue extraña, estas pisando algo donde no ves el fondo, y con lo “Antoñita la fantástica” que soy, podía esperar cualquier bicho o hasta alguna culebrilla arggg.. pero una vez acostumbrada la sensación pasa a ser agradable, relajante y fresquita. 🙂

Mirad como salías… ¿Quién tiene que ir a un balneario a hacerse un tratamiento de vino terapia, pudiendo pisar uvas en Logroño? 🙂

img_0523

Aunque éramos muchos la organización fue perfecta, no se tenía que esperar más de cinco minutos y pudimos repetir las veces que quisimos.

Mientras, Soledad iba sacando el mosto que probaríamos un poco más tarde.

img_0501

Fue súper divertido, los trabajadores de la bodega nos decían como hacerlo más cómodo (agarrándonos por los hombros y girando como las agujas del reloj) pero con nuestra diferencia de altura la cosa salió como se pudo y como las dos somos un pelín patos, gracias a que no liamos ninguna gorda. Nos reímos un montón, pero tengo que decir que a medida que va pasando el rato la cosa empieza a costar cada vez más, las piernas empiezan a pesar y el ritmo disminuye exponencialmente.

Casi sin darnos cuenta llegó el momento del aperitivo. Qué maravilla de mesas… embutido, tortillas de patatas, chuches, vino, refrescos… Si con eso no se recuperaban las fuerzas nada lo haría.

Los mayores catamos los diferentes vinos de la bodega, sé que no es muy oportuno decir que yo no soy de mucho vino, pero tengo que reconocer que en un par de ocasiones me sorprendí disfrutando de un par de copitas de tinto Rioja.

img_0538

Los enanos probaron los mostos que habíamos pisado y hubo que pararlos en varias ocasiones jajajaja.

Y Jorge se atrevió a menos a tocar las uvas pisadas ya que lo hacerlo él no tuvo demasiado éxito.

Tras repartir los diplomas que daban fe que los peques habían vendimiando y pisado la uva, las animadoras se los llevaron a la Enoguarderia.

Y los mayores aprovechamos para conocer un poco las bodegas por dentro.

Aunque había varios grupos visitándolas creo que nosotros tuvimos a la mejor quía que creo tiene la bodega (ojo, sin desmerecer al resto 🙂 que seguro que son fantásticas).  Soledad no es la típica guía aburrida de su trabajo, que suelta el texto desenado acabar, a lo mejor me equivoco, pero a Soledad se le nota que adora su trabajo y cuenta las cosas DISFRUTANDO.

La visita fue alucinante, aparte de lo que se ve tiene miles de metros bajo tierra distribuidos en entre pasillos interminables y cuevas excavadas donde esconden sus tesoros más preciados y de los que Soledad nos contó muchas cosas….

Que la bodega se fundó 1890 gracias al apogeo que tuvo la Rioja cuando los franceses vinieron a España huyendo de la filoxera, llevando a un francés de Burdeos, Frederick Anglade Saurat, a fundar las Bodegas Franco- Españolas por la fusión entre Francia y España.

Que 1901 es el año donde entran socios españoles a la bodega.

Que la bodega ha recibido muchas visitas ilustres como puedes ser el rey Alfonso XII o Hemingway.

img_5411

Que la bodega pasa a ser al 100% española en 1920 y que, tras pasar por varias manos, es en 1983 cuando es adquirida por la familia Equizabal que son sus propietarios actuales.

Cotilleo de mamá: Y aunque Soledad no nos lo contó, o al menos yo no lo oí. tengo que decirlo que Bodegas Franco- española cuenta entre sus premios el de “Best of Turismo enológico” 2013 por ofrecer las experiencias más creativas y originales en forma de actividades.

Como disfruté y cuanto aprendí durante la visita.

Aprendí que la primera uva que se recolecta es la blanca.

Aprendí que en vino tinto se deja la piel en contacto con el caldo durante 25 días para que coja ese color tan bonito.

Aprendí que las barricas son de roble americano o francés, que tienen una duración de 6 a 8 años dependiendo del vino que guarden dentro.

img_0567

Aprendí que cada cinco meses se cambia de barrica el vino y el enólogo decide si tiene que seguir envejeciendo o cambiar de barrica. A este proceso de le llama “trasegar”.

Aprendí que las barricas se limpian con agua ardiendo y acido sulfuros para evitar que el vino se pique y se convierta en vinagre. (de aquí viene lo de los sulfitos en el vino. ;))

Aprendí que las barricas van perdiendo propiedades con el tiempo, que duran una media de 6 a 8 años, después muchas de ellas se venden para hacer cosas como whisky.

img_0573

Aprendí que el dicho “Que no te la den con queso” viene del vino, pues dicen que cuando un vino era malillo, el comercial te lo daba acompañado de una ración de queso, que ayudaba a borrar el sabor del vino.

Aprendí que el corcho es bueno para los vinos de larga duración, les permite respirar de arriba abajo. Mientras que los cochos de silicona son buenos solo para aquellos vinos de consumo inmediato.

img_0571

En fin, qué más puedo decir… Que España es una tierra de vinos, un aspecto más de nuestra cultura que nuestros peques deberían conocer. Pero no solo el producto final, creo que es interesante que conozcan el trabajo tan duro que hay que hacer para llegar a ese líquido rojo que tanto le gusta a los mayores y la vendimia es una época perfecta para mostrárselo, ¿no os parece?

No puedo terminar este post sin agradecer a Bodegas Franco- Española esta actividad en familia y que no dejen de hacerla cada año. Nosotros seguro que volvemos, eso es lo que me pidió Lucia nada más salir de las bodegas.

IMG_0589.JPG

Soledad, mil gracias por tu pasión, por tu saber estar y por esa capacidad de “enseñar” de manera divertida a los peques y no tan peques. 😉

¡Y a vosotros familia! Que aun estáis a tiempo, este sábado repiten actividad. Animaos y escapaos el fin de semana a la tierra del vino por excelencia.

Os dejos aquí sus datos…

www.francoespañolas.com

C/ Cabo Noval, 2 26009 Logroño (La Rioja)

Teléfono: +34 941 25 13 00

Para más información y reservas “Vendimia en familia” visitas@francoespanolas.com

teléfono: 941 25 12 90

 

Bs