Una escalera en el agua.

Ramón, mi profesor de tenis llevaba tiempo  diciéndome que a mí, que me gusta salir de Madrid y conocer cosas bonitas, no podía perder la oportunidad de conocer uno de los pueblos más escondidos de la provincia de Guadalajara  y a la vez, uno de los más bonitos de España. Así que aprovechando uno de esos fines de semana de Diciembre  en el que un sol radiante invitaba a estar fuera de casa no lo dudados y nos fuimos a la aventura.

Salimos prontito por la mañana, nuestro destino está a unos 130 kilómetros de Madrid y algunos de ellos pasan por carreteras comarcales, así que aquí va el primer consejo de mamá precavida: Tomaos el viaje con calma, no hay prisa y el paisaje bien merece la pena disfrutar.

Pero este primer consejo se tiene que completar con el segundo: El pueblito al que vamos es uno de los más visitados en la zona, sobre todo en primavera, así que no os retraséis en salir ya que en el pueblo está prohibido pasar en coche (algo que se agradece) y aunque habilitan un parking gratuito durante los fines de semana, se llena rápido.

Sobre las 11.30 y después de alguna curva que otra comenzamos a ver nuestro destino al fondo del paisaje. Un cartel que ponía  “Valverde de los Arroyos, uno de los pueblos más bonitos de España” nos recibió en la entrada y la verdad, es que solo habiendo echado un vistazo general ya nos dijimos que no se equivocaba.

Este pequeño municipio que apenas llega a los 100 habitantes censados, se encuentra en las faldas del Pico Ocejón en la sierra de Ayllón y a medida que te vas acercando sientes como, a pesar de no estar lejos de Guadalajara o incluso de Madrid, es un pueblo que gracias a su situación entre montañas parece en cierta manera oculto al resto, algo que creo le ayudado a mantener su identidad y esencia a lo largo de los años.

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(Foto: Wikipedia)

Valverde de los Arroyos al igual que Patones, (del que ya os hablamos aquí)  pertenece a esos pueblos denominados de “Arquitectura negra” que se caracterizan sobre todo por  la pizarra usada en sus construcciones.

casas con habitaciones pequeñas, grandes chimeneas y  paredes gruesas  cubiertas de ese material de color negruzco  surgen por la necesidad de los habitantes de estos pueblos para protegerse del clima tan extremo que tienen durante los inviernos.

Curiosidad de mamá: ¿Sabíais que este tipo de pueblos que se encuentran en la sierra de Guadalajara están en proceso de declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO?

Una vez aparcado el coche nos pusimos a caminar y a escasos metros ya nos topamos con la Plaza mayor del pueblo, plaza muy cuidada con una gran fuente en el centro que me recordó a los típicos pueblitos de montaña suizos.

Valverde es un pueblo chiquito que no se tarda en recorrer.  Rodeado de naturaleza,  envuelto en silencio que solo se rompe con el sonido de algún pájaro o ráfaga de viento, con sus chimeneas humeantes para calentarse del frio y dentro de un escenario de pequeñas casitas de de piedra y madera que  ayudan a que los peques se vean paseando dentro de un cuento de hadas, por ejemplo y como me dijo Lucia, por las calles de “la bella y la Bestia” 🙂

Pero no se puede venir a Valverde de los Arroyos y quedarse en el mero turismo “urbanita”. Todo el que venga hasta aquí tiene la obligación de conocer la parte  “natural” de la zona y que mejor manera de hacerlo que con   una pequeña excursión hasta la  Cascada o chorrera  de Despeñalagua.

¡No os asustéis! ya sabéis que yo no soy mucho de campo y  puedo asegurar que la experiencia  me encantó y los enanos se divirtieron de lo lindo.

Fijaos si la ruta es sencillita que  casi todo el mundo que viene a descubrir Valverde aprovecha la ocasión y la hace, de aquí que haya ciertas épocas del año que la ruta puede estar bastante concurrida o incluso parecer la Gran vía en época navideña jajajaja.

Por eso y antes de empezar con nuestra experiencia con la aventura os doy  mi primer consejo de mamá aventurera: Esta ruta no es apta para gente claustrofóbica o que no le guste la multitud.

Si,  la mejor época para ir es primavera que es cuando mayor caudal de agua cae, pero no busquéis el fin de semana idóneo con un solazo tremendo y unas temperaturas ideales, esa idea la tendrán  muchos más y aunque el  inicio del camino es amplio, a media que se acerca a la cascada se va estrechando y si en algún punto queréis dar la vuelta… con  mucha gente será difícil hacerlo de manera sencilla.

Ojo que nosotros hemos ido en Diciembre y la vista era espectacular.

Segundo consejo de mamá aventurera: Hay que llevar calzado apropiado, incluso me atrevería a decir que llevéis uno de repuesto con un par de calcetines de más. , es fácil sí, pero no dejas de estar caminando en un paisaje rocoso con tramos al lado de arroyos y creo que a todos os pasará eso de que cuando un niño ve agua….. la toca, ¿no? jajajaja

¿Empezamos?

El inicio de la ruta no tiene perdida. Dejamos la fuente de la Plaza Mayor a nuestras espaldas y subimos el camino que llevaba a los campos de futbol. Aquí nos encontramos un cartel que nos indicaba las posibilidades de rutas que hay en esa zona y seguimos  hacia la chorrera.

Al principio el recorrido era prácticamente llano, los cuatro íbamos paseando y saludando a los que nos cruzábamos que ya venían de vuelta. Tras unos 15 minutos el sendero se va metiendo en caminos más rocosos, estrechos y con un poco más de pendiente.

En cierto punto nos encontramos una especie de bifurcación, pero tomando la cascada como guía, tiramos a la izquierda y empezamos a ser  conscientes de la grandiosidad de la Chorrera.

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Yo como siempre, antes de hacer cualquier cosa ya había explicado a los enanos y al padre de las criaturas que es lo que íbamos a ver, nos apetecía un montón pero no esperábamos  sorprendernos después de lo que habíamos visto en una de nuestras excursiones en Alemania (aquí), pero  cuando vimos al fondo del paisaje toda esa agua cayendo a esa altura se nos abrió la boca involuntariamente. Si se veía así a nuestra distancia, ¡como tenía que ser desde alli!

En fila india íbamos subiendo poco a poco por el caminito. Cruzamos riachuelillos, seguimos saludando, dejando pasar a aquellas personas que iban más rápidas que nosotros mientras nos contábamos historias o escuchábamos las de otros que nos ayudaban a conocer un poco más este tesoro Natural.

Confesión de mamá: Tengo que reconocer que la que escuchaba a los demás era sobre todo yo pues desde muy pequeñita tengo fama de cotilla…. Mi madre siempre cuenta la vergüenza que pasó un día en una terraza cuando la mandé callar muy enfadada ya que no oía a la mesa de al lado.  Cosas de niños  pensareis, esto no de vergüenza, pero la cosa cambia cuando termina el relato diciendo que ella no fue la única que escuchó mi reprimenda, fue ella y el resto de mesas de la terraza (incluida la que me interesaba a mi 😉  ) .

Esta habilidad fue creciendo con los años hasta conseguir atender dos conversaciones a la vez, además de mantener una yo coherentemente. ¿Cotilla? no lo sé, quizás un poco.  No lo hago a todas horas, solo en momentos puntuales y sobre todo cuando tengo que estar atenta con lo que me pueden liar los enanos mientras creen que estoy a otra cosa jajaja, además  como se aprovechan los demás cuando me preguntan (que también son cotillas sin admitirlo) y lo que se aprende escuchando….

En fin, a lo que vamos…. De todas estas historias me quedé con una en especial,  no sé si será verdad pero me cayó tan bien el personaje de la historia y el narrador parecía experto en la materia así que os la voy a contar.

Contó el experto a su grupo  que este camino no tiene un origen natural sino que fue una idea de un tal Agapito, un habitante de Valverde que a finales del siglo XIX empezó sin ayuda de nadie, con su pico y su pala, a cavar para llevar el agua a las huertas de pueblo. Eso sí, cuando la gente vio que la cosa funcionaba y que no quedaba casi nada para terminar decidieron participar.  Os podéis imaginar que supuso eso para el pueblo, ¿verdad?

“Claro, cuando ya no quedaba nada (me dijo Lucia cuando se lo conté) que cara tenían en esa época”.

Inciso de mamá: ¿veis como escuchando se aprende mucho? 🙂

Tras aproximadamente 35 minutos llegamos al destino. Justo a los pies de un gran nogal se encuentra la cascada a la que nos podemos acercar junto hasta sus pies por un pequeño senderito. Las cabezas de los niños miraban al cielo viendo con que fuerza caía el agua a escasos metros de ellos. La página oficial del pueblo indicaba que la caída vertical del agua es de unos 80 metros aunque a nosotros,  desde ahí abajo, nos perecieron  muchos más.

Estuvimos  un buen rato allí… era un gusto ver correr el agua y escuchar el rumor de la cascada. El sitio es precioso, respiras una tranquilidad que incluso llega a ser un poco abrumadora si estas acostumbrada, como yo, al ruido de la ciudad.  El agua es totalmente cristalina y te permite ver lo que hay en el fondo.

Además, si el nivel del agua os lo permite os podréis acercar a la cascada a sacaros una foto, incluso podréis cruzar al otro lado, pero cuidado, nunca lo hagáis por las piedras que estén mojadas, resbalan mucho.

Comentario de mamá: Nosotros optamos por comer en uno de los restaurantes del pueblo, pero justo debajo de la cascada hay varias zonas donde se puede descansar e incluso hacer un picnic si os lleváis la comida.

Pero todo lo bueno llega a su fin y nuestro amigo el hambre ya llamaba a la puerta de los enanos, un hecho que no nos permitió demorar la vuelta ni un minuto más.  Como ya sabíamos a dónde íbamos el regreso fue más divertido, saludamos  a los que iban subiendo o ayudamos a los que iban un poco perdidos.  Teníais que ver a los enanos dando indicaciones como verdades boyscouts. 🙂

Si tengo que poner un punto negativo a nuestra experiencia diría que al ser Valverde de los arroyos un pueblo pequeñito tiene poca oferta de restaurantes y  si a eso le súmanos que fuimos un fin de semana en el que había un encuentro familiar con más de 50 personas y que se nos olvidó reservar…….. Pues eso, que acabamos picoteando algo rápido  en uno de los bares.

Así que… OJO, consejo súper importante de mamá escarmentada: Si decidís venir a Valverde de los Arroyos sin idea de hacer un picnic.. RESERVAD el día anterior. 😉

A pesar de eso, tenemos que decir que nuestra excursión fue  todo un éxito. Nos encantó el pueblo, nos encantó el paseo, la cascada y lo más importante…. pasamos un día  fantástico en familia.

Ya nos enamoró Patones en su día y con Valverde de los Arroyos  hemos comprobado una vez más  que la fama que tienen estos rincones de la arquitectura negra es de sobra merecida, así que seguiremos descubriéndola. ¿Nos acompañáis?

Bs

Un paseo en burro taxi por Chinchón

Muchos habéis podido comprobar en estas semanas que me he movido bastante y es que hemos tenido la suerte que coincidiendo la Semana Santa, Manu, ha tenido un pequeño receso en el master, la verdad es que lo echábamos mucho de menos, sobre todos los enanos… así que me he liado la manta a la cabeza y lo hemos aprovechado al máximo…….

Hace unas semanas, cuando en Madrid hizo tan buen tiempo, empecé a estrujarme el cerebro de posibles planes divertidos para hacer y que estuvieran cerca de Madrid, no se me ocurrían demasiadas opciones así que me compre un mapa político en los chinos y comencé a señalar y apuntar en mi libreta de ideas posibles puntos de interés. Encontré, bueno, más bien recordé muchos pueblitos vecinos, de esos que llaman “con encanto” , que con el Cole o con la familia había visitado y que al ver su nombre me entraron ganas de volver a visitar.

Chinchón fue el elegido, uno de los pueblos más pintorescos de la comunidad de Madrid y que a pesar de su cercanía con la capital, está a tan solo 45 kilómetros, ha sabido conservar su singularidad, sus construcciones típicas agrupadas en cerros y que se colocan alrededor de su plaza cobijándola, un pueblo de los de antes.

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Chinchón, pueblo cuyo casco urbano fue declarado Conjunto histórico y artístico en 1974, titulo, que ayudó a que su apogeo turístico creciera a niveles que nunca habían sospechado.

A mi me encantan estos pueblos que van dejando huella de su historia a través de sus calles y piedras y Chinchón, a pesar de su tamaño, está lleno de historia y nada tiene que envidiar a sus hermanas mayores, las grades ciudades…..

Por Chinchón han pasado diferentes culturas como los romanos o los árabes.

Chinchón es un pueblo que no es pueblo, es una villa, ya que en 1520 Carlos V lo nombró villa del condado.

Chinchón es un pueblo en cuya plaza se ha proclamado un rey,, Felipe V, que tras apoyarle en la Guerra de Sucesión se proclamó en esta villa y le concedió el titulo de “Muy noble y muy leal”.

Chinchón ha sido protagonista de guerras importantes, como la de la Guerra independencia, en la que los franceses asolaron la villa y ajusticiaron a un gran número de vecinos, que conocemos gracias a un testigo de excepción, Francisco de Goya, vecino de la localidad y que lo expresó en su grabado numero 37, “Los desastres de la guerra”.

Chinchón ha sido un pueblo que supo recuperarse de la guerra, recobrando su vitalidad con la creación de la “Fundación de los cosecheros de Chinchón” integrada por productores de vino, vinagre y aguardiente que consiguió hitos tan importantes como el alcantarillado del pueblo, los lavabos o el teatro.

Chichón ha sido un pueblo escenario de cine, en películas como “La vuelta al mundo en 80 días” o “Rey de reyes”.

Además, Chinchón es un pueblo lleno de encanto, de historias secretas en cada uno de sus rincones, de las que nada se sabe y que poco a poco se deja descubrir, no hace mucho tiempo se han empezado a descubrir túneles y galerías bajo sus calles y casas en las que se están encontrando reliquias del antiguo Chinchón y sus gentes.

Elegimos un domingo soleado, un domingo cualquiera que coincidió con el Domingo de Ramos. Llegamos por la carretera de Valencia, pasado Rivas- Vaciamdrid y aunque era temprano no había quien aparcara cerca del centro. Buscando y buscando aparcamos en la parte más alta del pueblo, cerca de la Iglesia de la Asunción y tengo que decir que sitio privilegiado por qué desde su mirador pudimos otear el mayor tesoro que tiene Chinchón, la plaza Mayor, seguida en la lontananza por el Castillo de los Condes, que data del siglo XVI, con su puente levadizo y arcos de piedra, fue la residencia oficial de los condes hasta el siglo XVIII cuando fue abandonado, y con los años destruido en la guerra y usado para cosas tan variopintas como puede ser una fábrica de ese licor tan nuestro como es el anís.

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Como nuestra llegada coincidió con la salida de misa, aprovechamos el momento de bullicio para conocer un poco más la parte alta de esta villa quede todo lo que descubrimos Lucia , Jorge y yo, merece la pena mencionar tres puntos importantes.

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El Teatro Lope de Vega, construido sobre el antiguo palacio de los Condes, destruido durante la Guerra de Sucesión, quizás recuerda a una antigua corrala con capacitada para unas 400 personas, su nombre es debido a que Lope escribió aquí su obra “EL blasón de los chaves de Villalba” mientras se alojaba con los Condes una temporada.

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La iglesia de la Asunción, donde se encuentra una obra de Goya, “La Asunción de la virgen” en el altar mayor y que nos sorprendió tanto a Lucia como a mi, ya que no encontrábamos la típica torre de toda iglesia (veníamos de Segovia con la lección bien aprendida de que toda iglesia que se tercie tiene su torre 🙂 ). Nuestra curiosidad nos mató y tuvimos que preguntar si en alguna ocasión había habido torre, a lo que nos contestaron que en Chinchón había un dicho popular, algo así como.. “Chinchón tiene una iglesia sin torre y una torre sin iglesia”. No se vosotros, pero nosotras nos quedamos casi igual, hasta que nos indicaron que nos diéramos la vuelta y vimos la solución al enigma, justo detrás de nosotros estaba a Torre del reloj, que es una torre sin iglesia y que es lo que ha quedado de la antigua iglesia de Nuestra señora de Gracia 😉 .

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Decidimos bajar al caso histórico, pero antes de llegar a la plaza, que sabíamos que era lo que más le iba a gustar a los enanos, pasamos por la oficina de turismo, el antiguo lavadero municipal que merece la pena visitar, donde te indican todas las actividades programadas y donde Lucia, desde que descubrió el fenómeno “auto- guía” entra como el inspector Gadget entraría en el escondite del Dr Mad, pide una en cada sitio donde vamos, preguntando por su “tesoro” o en su defecto por una guía completa del sitio. 🙂 (Lo sé, he creado un monstruo).

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Giramos a la derecha y entramos en el Museo etnológico”, “La posada” antiguo hospedaje de principios del siglo XIX para segadores, arrieros o de gente de paso, que se ha convertido en una exposición donde los oriundos de Chinchón enseñan con orgullo sus costumbres y forma de vida, con sus salas que evocan a otras épocas en la que los habitantes de esta villa usaban su ingenio para construir herramientas útiles para su trabajo.

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A través de la distribución de la casa, hemos podido aprender como se vivía entonces, en la parte alta vivían los dueños y se guardaba el trigo, en la parte baja estaban las habitaciones de los viajeros y las cocinas, mientras que en el sótano estaba la leña, los establos y los guarda aperos. (Si os tengo que ser sincera, lo que más me gustó fue el patio fortificado de la entrada, ya que las alcobas parecían sombrías y frías).

Finalmente entramos a la Plaza mayor de Chinchón, entramos por la puerta de la calle Morata y nada más pasar el arco abovedado de piedra pudimos ver una de las más bonitas plazas del mundo,

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Lucia como haría Don Petete con su enciclopedia (¿os acordáis de él?) nos fue leyendo, punto a punto las características de esta cuarta maravilla de la comunidad de Madrid (desde 2008). Que si es de estilo medieval, que si es de arquitectura popular, con trazado irregular y forma semi circular.

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Es una plaza que empezó a construirse de manera abierta en el siglo XV, con tres niveles y 234 balcones de color verde que se llaman “claros”, se decidió cerrar hacia 1680, eso si, dejando espacio para el paso de carruajes y procesiones.

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Como curiosidad os podemos adelantar que en la plaza mayor de Chinchón, las casas y los balcones pueden ser de diferentes propietarios, eso si, no me preguntéis como lo gestionan… 😦 lo veo más que complicado.

La Plaza mayor de Chinchón es conocida por haber sido objeto de innumerables usos como puede ser corral de comedia, festivales taurinos (el primero fue en 1502 en honor a Juana la loca y su marido Felipe el hermoso), ejecuciones, actos sacramentales o plató de cine. Pero además por la cantidad de restaurantes que se encuentran concentrados en tan pocos metros cuadrados, ya que casi el 98% de los balcones y casas de la plaza se dedican a la restauración, donde se puede degustar comida típica castellana y comentar…… como bien sabe Lucia y Jorge, por la cantidad de veces que lo ha oyó, que el primer restaurante que se abrió en Chinchón fue el “Mesón de las cuevas del vino” el día 24 de Mayo de 1964.

Pero si hasta aquí todo es digno de conocer sin duda alguna, si preguntamos a los más pequeños, lo que más éxito ha tenido en esta visita ha sido lo que desde hace relativamente poco se ha convertido en el nuevo decorado de Chinchón. Tengo claro que Chinchón se desvive por sus turistas, por esas personas que deciden invertir uno o dos días de su vida en recorrer las calles de la villa y ahora, como no podía ser menos, han dado un paso más, han pensado en los más pequeños de la familia.

EL “burro taxi” o “rutas en burro”, una reata de estos deliciosos animales que hacen las delicias de los niños y no tan niños paseando alrededor de la plaza. (También se pueden contratar caminatas por los alrededores del pueblo encima de estos simpáticos animales o incluso paseos en coche de caballos).

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No os voy a decir las vueltas que tuvimos que dar, nos os voy a decir como tuvimos que negociar para que no hubiera tragedia post- burro, pero si os voy a contar, más bien os voy a mostrar, lo bien que se lo pasaron y como lo disfrutaron.

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Chinchón es un pueblito al que recurrir en uno de esos días tontos que no sabes que hacer, puedes ir pasar el día o a comer, se ve rápidamente, no es una visita que vaya a cansar demasiado a los más peques y encima tiene premio si se han portado bien, ¿Qué más se puede pedir a una escapada de domingo? 😉

No puedo terminar este post sin recomendaros que paseís a tomar un café en el Parador de Chinchón, el antiguo Convento de los Agustinos que entre su claustro y sus jardines merece la pena pararse cinco minutos a verlo.

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Besos