el Falcon Crest español

Desde que me casé gran parte de mis vacaciones las paso en el norte, bueno, norte no, más al norte que el norte, justo donde los romanos decían que acababa la tierra… y en cada viaje, fuera de ida o fuera de vuelta siempre teníamos la misma queja, no encontrábamos sitios chulos donde mereciera la pena parar, descansar y  conocer.

Esta carencia la notamos un poco más desde que tuvimos a los niños, durante los 640 kilómetros que separan Madrid de Ferrol nos hemos encontrado situaciones curiosas y tan surrealistas como el tener que calentar un biberón al baño María en un bar por que no tenían ni un microondas, algunas y que han hecho que Manu y yo nos volviéramos un poco “especiales” a la hora de tener que parar cosas tan normales como pueden ser dar un biberón o cambiar pañales, llegando a cuadrar las horas claves  con alguno de los dos paradores que pasamos por la  A6, Benavente o Villafranca.

El pasado 14 de Septiembre tuvimos una boda y justo una semana después de haber terminado nuestras vacaciones, recorrer los 640 kilómetros de vuelta y parar en los paradores de siempre volvimos a subir a Galicia. La ida se nos hizo corta, íbamos a la boda de “los titis” (los tíos de mis enanos), estábamos ansiosos de que llegara esta boda que llevábamos esperando años como agua de mayo, Verónica ha sido un hueso duro de roer,  y donde los enanos  iban a ser protagonistas junto a los novios, ¡iban a ser los pajes!.

La boda fue perfecta,  la novia iba espectacular, el novio radiante, el sitio idílico y mis niños… que voy a decir de mis niños…. Para comérselos.

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Pero como siempre, todo lo bueno se acaba rápido y el viaje de vuelta llegó enseguida, mi cabecita estuvo en continuo funcionamiento intentando buscar alguna posibilidad para que ésta fuera un poco más amena, pero esta vez fue gracias a dos personas encantadoras (y eso que una de ellas es gallega jejejeje) descubrimos un sitio que se ha convertido en una parada obligada en nuestro itinerario de nuestros largos viajes ya que es ideal tanto con niños como sin ellos.

Cerca de los Ancares y las Medulas se encuentra Cacabelos,  enclave privilegiado dentro corazón de la comarca del Bierzo, tierra de extensos viñedos, (algo que a mi me sorprendió, ya que mi cultura de vinos es bastante escasa y no salgo de los albarinos, rueda o rioja) descubrimos un palacio de piedra que data del siglo XVIII y que rodeado de pequeñas casas típicas de la zona nos dejó alucinados por su belleza y estado puro.

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El palacio de los señores de Canedo fue construido en 1730, diseñado para el arte del cultivo del vino pero con el desuso durante años llegó a estar en un estado ruinoso hacia los años 80 hasta que José Luis Prada, un antiguo legionario que comenzó como  vendedor de zapatos y  más tarde reconvertido en embajador nacional de los productos de su tierra, lo reformo y construyo poco a poco llegando a lo que es hoy, una bodega moderna con la mejor tecnología, restaurante  especializado en comida casera leonesa y posada señorial de 14 habitaciones, integrado perfectamente en el enclave donde se encuentra.

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Tenia claras sospechas que mi cultura en cuanto a restauración gallega- leonesa se refiere es bastante patética, vamos, que deja mucho que desear, pero esta sospecha se ratificó cuando descubrí que el tal Prada no solo tenia esta maravilla de sitio, si no que  tiene todo un imperio desde Santiago a Madrid, pasando por León  y La Coruña, Imperio, que nació de la nada y que gracias  a su saber hacer y al boca a boca ha convertido un simple negocio familiar en un referente de éxito.

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Era lunes y aunque nos habían asegurado que iba a estar abierto,  tanto Manu como yo que somos bastante negativos, él por que lo lleva en la sangre, es gallego y o, la verdad es que no se de donde me viene, probablemente por mi parte también gallega, íbamos un poco preocupados por si teníamos que tirar de  plan b por si la cosa fallaba y que estaría bastante complicado en unos kilómetros a la redonda,  pero nuestra sorpresa fue monumental cuando no solo no estaba cerrado si no que estaba lleno!.

Una vez que cruzamos la puerta de esa casona de piedra y madera, nos trasladamos a una época donde las cosas pasaban a un ritmo más tranquilo y si me apuras,  a un parque temático de la gastronomía, donde se puede visitar cada una de sus zonas,  desde la bodega, la parte de envasados de sus conservas, el palomar donde vivía Prada con su familia durante los veranos,  hasta cada uno de los viñedos gracias a un trenecito. (también se hacen visitas guiadas)

El día era precioso, sin mucho calor pero con un sol radiante, enseguida los niños estaban correteando alrededor del palacio cotilleándolo todo….

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Bajamos a la bodega y descubrimos las barricas donde el vino descansa hasta que llega su momento.

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Entramos en la zona de envasado, donde vimos los pimientos amontonados en cajas recién recolectados y a la espera de ser limpiados  y empaquetados.

Conocimos el coche hippy de Prada, con el que recorría las calles de Cacabelos y con el que se hizo famoso saliendo incluso en los periódicos de la época y  recientes.

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pero pronto el hambre empezó a hacer acto de presencia y decidimos subir a comer, como era relativamente temprano tuvimos la suerte de poder comer en el balcón de la casa, algo que nos permitió saborear las vistas privilegiadas de la zona.

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El encabezado de la propia carta, hecha de madera, me aumentó el apetito, “ Para disfrutar de la cocina de nuestra tierra….. platos hechos con cariño que seguro que te sorprenden por su autenticidad….. y un consejo, no dejes de pedir, aunque solo sea una copita de nuestros vinos, disfrutaras de mas que los sabores y te alegrara el alma….. disfruta a tope”

No sabíamos que elegir, todos los platos apetecían, son los típicos platos que por lo menos a mi me llevaron de golpe a mi infancia, platos que sin ser de excesiva elaboración no se pueden olvidar por muchos años que pasen, esos platos que te hacia la abuela cuando la ibas a visitar al pueblo, morcilla, embutidos, picadillo, huevos fritos de corral….. platos que ahora que  aunque se hable tanto de la nueva cocina hay que recordarlos por que la buena cocina ha existido desde hace siglos.

No se podía pedir más, un día espectacular, unas vistas de postal, una compañía inmejorable… pero la guinda al pastel la pusieron los propios trabajadores del Palacio con su hospitalidad  y buen hacer, que añaden un punto más al sentimiento hogareño que se respira, incluso el propio Prada se preocupa de pasar mesa por mesa preguntando si todo esta a nuestro gusto y estrechando la mano a cualquiera que se le cruce al grito de ¡A tope!

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Tras la comida y una larga visita a la tienda donde como es de suponer no salimos con las manos vacías, nos montamos en el trenecito para recorrer los viñedos, a mi me avisaron y yo os aviso a vosotros, que el trenecito es muy chulo y  a los niños les encanta pero hay que tener  cuidado por  que no seria la primera vez que alguno se cae en alguno de los acelerones del conductor 😦 , ¡agarrad bien a los enanos!.

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Prada dice que el no ha inventado nada, pero sea como sea, todo el que lo conoce vuelve, y nosotros volveremos.

P.D. Gracias María y Javi, con este tipo de consejos turísticos os vamos a hacer nuestros guías particulares!

Diario de un viaje al país de la Fantasía

Soy de esas personas que tengo que tener las cosas milimétricamente calculadas y de la opinión de que el conocer bien el sitio antes de visitarlo, te permite aprovechar al máximo tu estancia, dicho esto, os podéis imaginar, sobre todo los que han leído mi entrada de hace unos días, “Preparativos para un viaje especial”, que me he hecho un intensivo en Eurdisney.

La verdad es que en este caso, el trabajo no fue muy duro, casi sobra decir que la marca  Eurodisney es una de las marcas con mejor reputación a nivel mundial y aunque ahora tiene duros competidores a nivel de películas de animación como puede ser Pixar o Dreamworks, a nivel de parques temáticos es líder mundial en cuanto a diseño, organización y reclamo se refiere, y si a esto le sumamos que ya lo conocía porque tuve la suerte de visitarlo un par de veces hace años.

Día 22 de Diciembre.

Llegamos al aeropuerto de Orly y tras unos cuarenta minutos en el minibus, las bocas de los enanos comenzaron a abrirse exponencialmente a medida que las torres del castillo tan característico de este parque se iban acercando por el horizonte y que casi sin tiempo de deshacer las maletas, ya los teníamos en la puerta de la habitación esperándonos con mi mochila totalmente equipada, cámara, gorros, libros de autógrafos, toallitas y calcetines de repuesto, ¡parecía que llegábamos tarde a algún sitio!, pero, como hacer entrar en razón a dos niños que estaban ansiosos por conocer a las princesas, a Mickey y sus amigos.. 🙂

Pero, no podíamos empezar este viaje sin antes equiparnos para la ocasión ,que mejor excusa que hacerlo en una de las tiendas la Village, paso obligado entre los hoteles y los parques, tras merendar en el “Café Mickey village”

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Ahora si, una vez puestos a punto, estábamos listos para comenzar a conocer un mundo mágico donde hay de todo y para todos, desde los personajes de toda una vida, como acción, aventuras, espectáculos y cabalgatas para toda la familia, una aventura, que seguro que nos iba a dejar huella.

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Pasando el torno de entrada Main street se muestra antes nuestros ojos, escenario que evoca una antigua ciudad de principios del siglo pasado, un pueblo con encanto, con casas victorianas, flanqueada por tienditas de souvenirs, disfraces y cualquier detalle que se nos puede venir a la mente, vamos, que por un lado es mejor cruzarla con los ojos tapados porque si no caes en la tentación, pero que por otro, seria imperdonable no ver cada uno de los detalles cuidados al milímetro que se nos ofrecen, como puede ser la consulta del dentista que si te paras cinco segundos y te fijas, puedes oír incluso los sonidos de su actividad dentro, o que en la agencia de detectives se puede oír un perro ladrando, que en alguna de las ventanas están los nombres de los ingenieros que diseñaron el parque, que en “Market house Deli” hay un teléfono en el que se pueden escuchar conversaciones de otros individuos, además, ¿sabíais que la tienda Lilly´s Boutique tiene ese nombre en honor a la mujer de Walt Disney?.

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Jorge estaba agotado del viaje así que me lo lleve al hotel mientras Manu y Lucia decidieron echar un primer vistazo a ese parque del que íbamos a disfrutar durante casi cinco días.

Día 23 de Diciembre.

Tras un breve pero fascinante, encuentro con Mickey y Minnie después del desayuno y con una ruta mas estudiada por mamá, nos volvemos a encontrar en Main street, arteria principal del parque, y que nos llevaría a cada uno de los cinco mundos ofrecidos por Eurodisney.

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Hoy hemos decidido visitar Adventureland, tierra de piratas, exploradores y aventureros, tierra que reproduce un bazar de los cuentos de las mil y una noches, tal y como muestran sus paredes y pasadizos, además de ser la zona del parque que cuenta con mas árboles y vegetación.

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Entre las atracciones que nos montamos, que nos gustaron y que están adaptadas para los peques (4 en adelante) cabe destacar la “cabaña de los Robinson”, “Piratas del caribe” y “Adventure island”; para los más peques (menos de 4 años) está la “Playa de los piratas” que es una zona de juegos donde se divierten un montón y los mayores podemos descansar un poco, sin olvidarnos de los más mayores, a partir de 1,40 m que tienen la famosa montaña rusa “indiana Jones y el templo de Peril, tiene bastante cola, eso si, pero tiene Fast pass.

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A la hora de comer, elegimos un sitio donde se comiera de manera rápida y con bufé, elegimos “Hakuna matata”, donde la comida no fue gran cosa, hot dogs y patatas fritas, pero tuvimos la suerte de ver una coreografía de los personajes del libro de la selva.

Por la tarde visitamos Discoveryland que es la zona dedicada al futuro y los descubrimientos, la verdad es que tiene atracciones para más mayores, sin tener nada que ver con Disney, como la “Space Mountain misión 2” , pero pudimos disfrutar de atracciones como “Star Tours”, “Buzz lightyear laser blast” (fastpass) y “Autopia”.

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Para cenar elegimos un sitio especial, “ Bufallo Bill´s Show” donde Mickey, Minnie, Chip y Chop nos invitan a una cena espectáculo que te enseña la leyenda de búfalo Bill, toro sentado y la conquista del Oeste.

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Es un espectáculo que merece la pena y lo recomiendo al 100%, no por la comida que es de estilo tejano (tiene menú infantil) pero si, por el espectáculo de caballos, bisontes indios y vaqueros que te hacen sentir en el viejo oeste desde el principio. Eso si, un consejo, aunque hayas reservado, los sitios no son numerados, por lo que es mejor llegar con tiempo que no te vas a aburrir ya que la espera te la amenizan en el salón con música en directo.

Día 24 de diciembre

Amaneció un día horroroso de lluvia y frío por lo que decidimos visitar los Studios Disney,  dedicado al cine y la televisión y decorado como un gran estudio cinematográfico, que merece la pena visitar, aunque quizás, esté pensado para un  publico más adulto, con atracciones mas fuertes.

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Comenzamos por  las atracciones visuales “Animagique”, CineMagique, “Disney junior live on Stage” y “Stich live”, estas dos ultimas, según la hora que vayas tiene proyección en ingles o Frances.

Después, nos lanzamos con la atracción de “Armageddon” que aunque parezca no apta para peques, no tiene ningún problema e incluso diría que no merece demasiado la pena.

Para comer no tiene tanta variedad como el parque Disney, así que elegimos el  “Restaurante des starts” donde tuvimos la suerte de contar con la visita de Goofy y el Ratatouille.

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Antes de que Jorge se fuera al hotel a retomar fuerzas para la cena de Nochebuena, nos montamos en “Cars Quatre Roues Rallye”, atracción giratoria, así que tened cuidado si os soléis marear, y en “Crush´s coastes” que aunque parezca la típica montaña rusa infantil, engaña!

Cuando nos quedamos las chicas solas, completamos la visita con el recorrido en tranvía “Studio tram tour”.

Como el día fue tan horroroso, nos quedamos sin ver, por cierre, la parte de “Toon Studio” donde están las atracciones inspiradas den la película Toy story como “Toy soldiers”, Slinky dog zigzag spin y “Rc racer”.

En cuanto a la cena de nochebuena… creo que todo comentario sobre, tan solo poneos en la piel de una niña de seis años, con fase loro y princesita total, sin palabras 🙂

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Día 25 de Diciembre.

Ha salido el sol! Aprovechamos para disfrutar de Fantasyland, que decir de esta parte, zona donde los sueños de los cuentos se hacen realidad, donde los clásicos de Disney cobran vida propia y donde se encuentran el mayor número de atracciones para los más pequeños, así que os podéis imaginar que aquí hemos dedicado un día entero…..

La puerta a Fantasyland es “El castillo de la Bella durmiente”, castillo majestuoso que con cada una de sus puntiagudas torres, visibles desde cualquier punto del parque, ayuda al visitante a recuperar la orientación en alguno de esos momentos de despiste que se dan a lo largo del día debido a la cantidad de vueltas que uno llega a dar.

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No miento si digo que para Lucia Fantasyland, fue la parte con la que mas disfrutó,  se enamoró del castillo desde el principio, de sus escaleras en forma de caracol que subió una y otra vez pensando que ella era la princesa

Castillo con  todo lujo de detalles, su propio dragón que ruge amenazante cuando se le despierta de su letargo, sus vidrieras artesanas que describen escenas del cuento, la fatídica rueca, los manuscritos e ilustraciones del cuento, con sus armaduras , que si las escuchas atentamente se les oye roncar,  y  con su balcón que te permite echar un vistazo panorámico a todo Fantasyland.  (OJO! Antes de subir no olvides pedir un deseo en el pozo mágico)

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Una vez adentrados en la tierra de los cuentos, nos topamos con “La espada de Merlín” donde siempre hay algún niño intentando sacarla para ver si son el futuro rey. (los míos no iban a ser menos :))

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El Carrusel de Lancelot”, “Los viajes de Pinocho”, “Blanca nieves y los siete enanitos”, “El vuelo de Peter pan”, “El laberinto de Alicia” , “El país de los cuentos de hadas”, “Its a small World”, “El tren de dumbo”, “El vuelo de dumbo” o “Las tazas de te gigantes” hasta “El pabellón de las princesas” son las atracciones de esta tierra, todas, cuentan con bastantes colas, pero solo la del vuelo de Peter pan cuenta con Fast pass.

Para la hora de comer, os tengo que recomendar, aunque es caro, el restaurante “Aubergue de Cedrillon”, donde el tipo de comida es francesa y servida en mesa,  se necesita reserva previa, reciben camareros vestidos al estilo Luis XV y mientras se come, se pueden ver a los príncipes y princesas bailando, algo inolvidable para las enanas amantes del mundo principesco.

Si preferís algo más económico o rápido podéis ir al “Au chalet de la Marionnette” que es el favorito de pinocho  donde se puede comer comida rápida, o “El restaurante Pizzería bella notte” decorado con la temática de la dama y el vagabundo, o  “El restaurante Toad hall Restaurant,” reproducción de la mansión de Don sapo y que cuenta entre sus especialidades el fish and chips británico (bastante bueno la verdad).

Como era la ultima noche, hemos apurado hasta el final y a las 22.00 hemos visto el fantástico espectáculo nocturno en el castillo, con rayos láser, fuegos artificiales y música que te lleva a través de las grandes historias de Disney tras la sombra de Peter pan, simplemente maravilloso y si me apuráis, casi el recuerdo más bonito del viaje; la salida del parque nos sorprendió gratamente, porque en contra de lo que se puede pensar, fue ordenada y tranquila.

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Día 26 de diciembre

Ultimo día, snif snif….  Como teníamos hasta las 16.00 de la tarde lo hemos dedicado a Frontierland que nos trasladó al viejo oeste y en el que conocimos la vida en el Missisipi a través de un crucero en un barco de vapor cuyo nombre del barco se debe al autor de libros como Tom Sawyer y huckleberry Finn.

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Para los más mayores está “La Big Thunder Mountain”  (fastpass) o “La Phantom Manor”,  ”Pocahontas indian village”, zona de juegos donde se podrá trepar, arrastrase dentro de un campamento indio.

Comimos en el “The lucky nugget saloon” que como curiosidad diré que el nombre viene de la pepita que encontró su dueña, Diamond Lil, tiene servicio de mesa con bocadillos, costillas de cerdo, ensaladas, hamburguesas y helados, cuenta con un espectáculo de baile.

Y como todo lo bueno se acaba……… 😦  llegó la hora de la partida. Si tuviera que resumir este viaje en una palabra, solo puedo decir mágico, ha sido una experiencia maravillosa, y he disfrutado como la que más viendo la cara de mis hijos y la de mi marido, con esa sonrisa de oreja a oreja de principio a fin.

El próximo año, repetiremos la experiencia del viaje navideño, pero a laponia 🙂 ,tengo que empezar a convencer a Manu aunque como decía Walt Disney : “si puedes soñarlo, puedes hacerlo”

Bajamos a la mina!!

By Maria.

Los primeros domingos de cada mes, podemos visitar la réplica de una mina de carbón en pleno Madrid. Sí, como habéis leído….. una mina en Madrid!… Se trata de la mina de Marcelo Jorissen, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid, situada en la calle Río Rosas 21.

Al profesor Jorissen se le ocurrió excavar una mina en pleno centro de Madrid, replica de una mina de carbón con fines de aprendizaje para sus alumnos en 1963, debido a la falta de yacimientos naturales en la comunidad madrileña. Hoy en día, los actuales alumnos visitan y aprenden de las minas “in situ”, con lo cual decidieron abrir al público esta réplica a la que llevamos a los peques el pasado domingo.

La mina se encuentra a unos 25m de profundidad y tiene una longitud de unos 50m. Se accede a ella bajando una escalera de…. según escuchaba contar a Gabriela… setenta y pico escalones; en el patio de la Escuela de Minas.

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Pese a que no abren hasta las 10, y las visitas a la mina comienzan a las 10:30, tenéis que llegar tempranito porque va mucha gente. Nosotros llegamos a las 9:45 y ya había bastante cola. No hay posibilidad de reservar, y según va llegando la gente, se van haciendo grupos. Nosotros elegimos la visita infantil, y nos dieron hora a las 11:30h,…. así que haceros una idea.

Para hacer tiempo, en uno de los patios se realiza un mercadillo de minerales y fósiles también los primeros domingos. Me dijeron que llevaban haciéndolo más de 20 años. Ideal para todos aquellos coleccionistas y para nosotras las mujeres…. je, je… porque hay mucha artesanía de abalorios…. Me compré un anillo muy chuli de concha, Gabriela hizo lo mismo, además de comprarse también un colgante de calzedonia y un cuarzo rosa (por supuesto). Alex prefirió una amatista azul…. La verdad es que se nos pasó el tiempo muy rápido visitando este interesante mercadillo.

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Bueno….. y llegaron las 11:30…. nos dirigimos al patio donde se encuentra la entrada a la mina a esperar a las guías… los niños vieron todas las escaleras que teníamos que bajar y se pusieron nerviosos: mami, tenemos que tener cuidado de no resbalar; …. papi, que habrá ahí abajo?….. Una de nuestras anfitrionas traía en la mano un pequeño muñeco, se trataba de un duende llamado “Picador”…. ya os dije que escogimos la visita infantil, así que los niños iban a conocer la mina a través de un cuento que les fueron narrando.

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Una vez reunidas todas las familias abajo, comenzó el cuento…. los niños tenían que ayudar a “Picador” a expulsar a un “ogro” que se había adueñado de la mina y no permitía a los humanos y a los duendes trabajar en ella. Entre el cuento, el escenario en el que nos encontrábamos y el ambiente que allí se respiraba…. mis peques tenían los ojos como platos y la boca abierta…. ja, ja, ja…. A través del cuento fueron describiendo los diferentes utensilios y elementos que ahí abajo nos encontramos…. los raíles, las vagonetas, la máquina cortadora de carbón, el pico, el casco, martillos perforadores neumáticos ….  Fuimos avanzando poco a poco por el estrecho túnel, lo más seguro era caminar entre los raíles de las vagonetas, esquivando pequeños charcos de agua y barro, bajo una iluminación tenue y unas paredes grises con vigas de madera pobladas de algunas telas de araña. Toda una experiencia!!

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La visita a la mina, cuesta un euro, que se destina a su mantenimiento.

He de deciros que en la Escuela de Minas también se realizan diferentes talleres dirigidos a los niños y podéis encontrar información acerca de ellos en las siguientes webs: http://www.minas.upm.es, y http://www.mineralius.com. Cada mes los van variando. Eso nos lo guardaremos para otro día.

Ya que teníamos el Museo Geominero al lado, aprovechamos para visitarlo ya que allí se encontraba una exposición sobre la historia de la tierra: minerales y fósiles.  Este museo declarado de Interés Cultural fue realizado por el arquitecto Francisco Javier de Luque y la verdad es que es imponente, su interior es una combinación de mármoles, madera, hierro forjado y cristal. La entrada es gratuita y también cuenta con diversos talleres para niños.

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A mis hijos, lo que más les llamó la atención fue una réplica de un cráneo de tiranosaurio y la reproducción de una excavación con los restos de un mastodonte. Si os digo la verdad, no llegamos a ver todo el museo porque Alex ya estaba muy cansado y el hambre ya apretaba. Pero si queréis más información sobre el museo y sus actividades, podéis encontrarla en http://www.igme.es

Precaución, amigo conductor

By Marta

¿Cuántos de nosotros soñábamos con conducir, igual que lo hacía papá y mamá  pero que cuando lo preguntábamos,  siempre se  nos contestaba con  esa  temida frase …… ” ya aprenderás cuando seas mayor”? pues una vez más, los tiempos han cambiado y ahora se puede conducir y sacar el carnet antes de los 18 años!

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Buscando planes divertidos y originales  para este fin de semana  hemos encontrado en el pueblecito de Griñón “Pequedriver” , un centro de educación vial infantil que enseñan de manera divertida a los que en el  día de mañana serán los nuevos conductores que circulen por las calles.

A nuestros hijos,  y seguro que a los vuestros también les pasa,  les encanta imitar todo lo que  hacemos y sobre todo en  el tema de la conducción,  les fascina cuando estamos entrando  en el garaje de casa y les dejamos sentarse  con nosotros al volante ayudándonos a aparcar, por eso, cuando descubrimos esta actividad estábamos seguros que iba a ser una experiencia súper divertida y que aunque el enano no iba a poder conducir sólo, (solo de acompañante),  ya que como  en todas estas actividades,  hay tener  una edad mínima (6 años), iba a disfrutar como el que más.

Fuimos el sábado  a media tarde, fresquitos,  después del decimo quinto baño del día y  aprovechando que en verano tienen  horario de 17:00 a 23:00;  cuando aparcas,  lo  primero que ves  es la pista de conducción, Lucia estaba nerviosa, ya había niños en el circuito,  así que los miraba embelesada mientras su hermano ya quería entrar y quemar rueda…

Esperamos pacientemente  unos diez minutos  y cuando llegó nuestro turno, Lucia,  entró en la pista, le colocaron un casco y la dieron una breve clase teórica de las señales básicas y funcionamiento del coche , aprendiendo conceptos simples de circulación.

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Finalmente llegó el momento de comenzar a circular,  iba sola por que su hermano no estaba muy seguro del tema,  prefirió ver los toros desde la barrera, y menos mal , pobre Lucía, no daba una, los mayores  ya no nos acordamos, pero es difícil coordinar el freno y el acelerador a la vez, pararnos en un semáforo o ceder el paso a los demás, así que, en  las primeras vueltas tuvo que ir acompañada por el instructor y poco a poco fue cogiéndole el tranquillo!, desde la quinta vuelta parecía una profesional, eso si, con una cara de concentración total, tanto,  que no fuimos capaces de sacarle una simple sonrisa para una foto.

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La experiencia dura unos 15 minutos, lo niños salen encantados y, como no, con ganas de repetir, esta vez el hermano la acompañó, como se reían, se lo pasaron en grande y además, como estaban solos les dejaron disfrutar un poquito más del tiempo establecido.

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Después de la aventura, nos tomamos una fanta y disfrutamos de las demás actividades que tiene  “pequedriver” ya que no solo es un centro de educación vial, sino que es un parque de ocio, con colchonetas, columpios y circuitos con piscina de bolas, ideal para pasar una tarde divertida en familia.

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La tarde estuvo genial,  los niños se lo pasaron bomba y nosotros nos reímos un montón viendo los choques de Lucia y las carcajadas del hermano cada vez que se llevaban una fila de conos del circuito  teniendo  que ir el instructor a rescatarles,  la gente que lo lleva  es un encanto,  pendiente de que la gente esté cómoda y que los niños disfruten,  que es lo más importarte,  nosotros, seguro que volvemos.

Si os animáis y queréis saber un poco más   www.pequedriver.es