Vacaciones en el mar

Holaaaaaaaa!

¡Ya estamos de vuelta! Lo sé…. Mi compi Maria me lleva ventaja y está en pleno rendimiento  con su segunda entrada publicada la semana que pasada, pero yo me he incorporado al mundo real  más tarde y entre las cosas del cole (que mis peques empezaron el dia 1) y alguna cosa más, aún no estoy al 100% en mi proceso de adaptación al mundo real.

¿Cómo han ido esas vacaciones? Las nuestras fantásticas, tengo que decir que vengo con muchas ganas y con las pilas recargadas a tope, porque puedo decir con voz muy alta que este año es el primero en el que de verdad puedo decir que he desconectado, he descansado y  lo he vivido a al máximo.

Desde que mis peques han empezado a ser un poco más mayores la idea de ir a un crucero con ellos me rondaba en la cabeza, yo he ido a alguno que otro y tengo un buen recuerdo de ellos. Mis padres se separaron cuando mi hermana y yo teníamos 5 y 11 años respectivamente, mi padre se volvió a enamorar  e incorporamos al equipo  infantil  otros dos peques.

Mi padre tenía un trabajo en el que un día estaba en Brasil  y al día siguiente en Japón, Nosotras vivíamos en Madrid, ellos en Ginebra y excepto en verano, no eran demasiadas las ocasiones en las que pasábamos más de cuatro días juntos, por lo que cuando llegaba Agosto, siempre buscaban cosas divertidas y que todos, independientemente de la edad que tuviéramos, disfrutásemos.

Un año surgió el tema del crucero, la mujer de mi padre conocía a gente de una de las compañías de la época y lo organizó. Recuerdo que el primero fue por las islas griegas…. Como lo pasamos, mi padre siempre cuenta la anécdota de que yo desembarqué llorando por dejar a mis nuevos amigos.

Aclaración de mamá: Solo decir que tenía 14 años y estaba en plena edad del pavo.

A este le siguieron otros, Mar báltico, fiordos, Mediterráneo, islas griegas…. Cada uno con mil experiencias y anécdotas que contar.

Después llegó mi “peor edad”, la universitaria, descolgándome un poco de las vacaciones familiares y de los últimos cruceros, pero gracias a Dios la cordura volvió a mi persona y tras casarme las retomamos, incluso fuimos a alguno que otro crucero más, eso sí, en esta época el resto del equipo infantil (ya era junior) eran los que tenían la “época mala” y no nos acompañaban demasiado.

Vamos… que puedo decir que soy una especie de… como dicen ahora los peques… “PRO” en esto de los cruceros en familia.

Os dejo un par de fotillos que he rescatado, podeis reiros.. he mejorado con la edad jajaja.

Los que ya nos seguís desde algún tiempo sabéis que tengo la familia bastante repartida y excepto a mi madre de la que puedo disfrutar todo el año, al resto no les vemos tanto como nos gustaría. Por eso desde hace unos años, suelo repartir las vacaciones entre la familia italiana y la gallega.

Con la parte gallega lo tenemos fácil, tenemos una casa allí…. Pero con la parte italiana siempre intentamos ir a un sitio diferente. Normalmente solemos tener el plan organizado desde Semana Santa o así, pero este año, por mil causas diferentes llegamos a mediados de Julio y no teníamos nada pensado.

Las oportunidades se reducían… buscamos en Portugal, en el País vasco francés, y  Menorca pero nada nos convencía. El tiempo se echaba encima y  la opción de no tener vacaciones juntos no nos gustaba, así que sin pensarlo demasiado envié al resto del grupo cuatro o cinco opciones de crucero, esperando que me dijeran que no. Cual fu mi sorpresa que me equivoque y en una semana ya teníamos los billetes de avión, los del barco.

Opción elegida… Mediterráneo occidental, compañía de crucero… Costa Cruceros, esa en la que Shakira dice eso de… “Felicitá al cuadrado”

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Puede que algunos de vosotros estéis pensando que hacer un crucero no está en vuestra lista de vacaciones ideales en familia. Camarotes pequeños, masificación de gente, preocupación por lo que se hace cuando uno no está en tierra…. Pero nada más lejos de la realidad. Los cruceros ya son auténticos resorts flotantes, con espacios  y servicios diseñados para toda la familia; en el que se pueden conocer muchas ciudades sin la necesidad de tener que  cargar, hacer y deshacer maletas todos los  días;  donde no tienes que romperte la cabeza buscando un sitio para desayunar, comer o cenar  y en el que cuando abres la puerta de tu “habitación de hotel” tienes una ciudad a tus pies.

Pero como todo en esta vida también hay cosas que se pueden mejorar, por eso al final del post os daré algunos consejillos para que la experiencia sea, si no al 100%, casi perfecta.

Por el momento comienzo con la experiencia en primera persona, así que… ¡TODOS A BORDO!

Embarcamos en Venecia, tendríais que ver la cara de Jorge y Lucia cuando vieron el “mamotrenco”  de barco al que estábamos a punto de subir.

Como ahora casi todo se puede hacer online, el checking fue rápido, solo tuvimos hacer control de pasaportes y firmar un documento en el que dábamos fe que no subíamos enfermos ni habíamos vomitado durante las 48 horas previas.

Después de la primera de las  miles de fotos  que te hacen a bordo durante el viaje.

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Entramos en el “Costa Luminosa” y una persona de seguridad nos sacó una foto, que luego vincularían con nuestras tarjetas para controlarnos en las subidas y en las bajadas del barco.

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Cotilleo de mamá: el método es igual que en cuando vas a un gimnasio a matricularte y te hacen una foto desde recepción que luego ponen en tu carné. Siempre sales horroroso, ¿verdad?, pues en estas igual jajajaja…

Después tomamos el ascensor que nos llevaría hasta el puente (si, puente, los pisos del barco no se llaman pisos, se llaman puentes ;)) donde estaba nuestro camarote.

Los niños alucinaron…. Teníamos una cama de matrimonio, una zona de saloncito que por las noches se convertían en dos literas para los peques, dos armarios, un baño con ducha y una terraza… una terraza que nos encantó a todos y sobre todo al padre de las criaturas.

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Os podéis imaginar que los nervios no permitían a los peques estar quietos un segundo, así que mientras mamá deshacía las maletas, ellos visitaron al abuelo y a la tía en sus respectivos aposentos, esperándome a mí para hacer el tour del barco.

14 puentes o cubiertas, 4 restaurantes, 11 bares, 3 piscinas, spa, peluquería, gimnasio, club infantil, cine 4 d, sala de videojuegos, teatro, minigolf, biblioteca, simulador de coches, tiendas, discoteca, casino…… las bocas de los enanos no conseguían cerrarse jajajaja.

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Inciso de mamá: Aquí me quiero parar un poco y contaros algo que me parece primordial en este tipo de viajes.

Costa Cruceros está dentro del grupo de navieras que ha pensado en la familia al completo y por eso han creado el grupo de animación “Costa” que consigue divertir a los niños con miles y diferentes actividades durante las jornadas a bordo y siempre distribuidos por franjas de edad.

Squok club: Un mini club con actividades para niños de 3 a 11 años y suele estar abierto de 9 de la mañana a las 12 de la noche.

Teen club Junior: club con actividades para niños de 12 a 14 años

Teen club: para adolescentes de 15 a 17 años.

¡UNA CREPERIE! Gritamos todos al unísono cuando la descubrimos, nos habíamos retrasado en el embarque y no habíamos comido así que nos lanzamos a la camarera para pedir tres creps de nocilla y un helado de mango que nos sentó de maravilla, justo lo que necesitamos para sentarnos y leer toda la información que nos habían dejado en el camarote…

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Diario de a bordo, folletos de las excursiones… que ilusión me hizo ver el diario, una especie de periódico que se imprime día a día con todo lo que el barco ofrece en cada minuto. Aun tengo guardados los de cruceros anteriores.

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A las 18.00, con puntualidad inglesa, sonaron las sirenas del barco que indicaban el simulacro de seguridad. Todos teníamos que ir a los camarotes, coger los chalecos salvavidas y dirigirnos a nuestro punto de encuentro.

Yo ya se lo había contado a los peques, la verdad es que yo lo recordaba más liviano, con el fotógrafo haciendo fotos y todo, pero la cosa ha cambiado, en esta ocasión nos colocaron en fila, nos dieron un folleto explicativo que a la vez sonaba por los altavoces en italiano, inglés y alemán.

Fue un ratito complicado, hacía mucho calor para los niños y se les hizo muy pesado.

“Mamá, esto no lo veo tan divertido como me contabas”

Que si, mira…..

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Vosotros ya sabéis que no cierro la boca ni debajo del agua, por lo que cuando todo acabó fui a preguntar el por qué del “endurecimiento” de este momento y tengo que reconocer la explicación me convenció. Después del caso del “Costa Concordia” la seguridad del barco ha pasado a ser el punto número uno de la lista de prioridades en la vida de a bordo, tanto es así que ahora fichan con la tarjeta a todos los que acudimos y a los que no, les enviaron una carta indicándoles que al día siguiente habría otra oportunidad a la que no podían faltar.

No sé si leyéndolo parece un día estresado, pero si…. así que como las excursiones ya las habíamos reservado online no tuvimos que perder tiempo en la cola de la oficina de turismo, los peques se fueron a la piscina hasta la cena y después del espectáculo de rigor nos fuimos a la cama, iba a ser una semana dura y teníamos que cogerla con fuerzas!

Hemos conocido ciudades tan bonitas como…

Trieste. Una ciudad con el encanto de centro Europa y el legado austrohúngaro en sus calles.

Corfú. La más septentrional de las islas Jónicas, que se encuentra en la boca del mar Adriático y por la que no encanto pasear entre sus callejuelas que recuerdan a Venecia.

Aquí, no pudimos resistirnos a conocer el “Achilleion”, nombre que le dio la emperatriz Sissi por su admiración al héroe “Aquiles” de la mitología griega cuando lo adquirió.

Y la “la Isla del Ratón” Foto obligada si visitas la isla.

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Katakolom y Olimpia. Donde se celebró la primera Olimpiada en el año 772 a.C.

Mykonos. Isla que junto a Santorini forma parte del archipiélago de las Cicladas con esos paisajes que enamoran, casas blancas con tejados azules y unas playas cristalinas y tranquilas.

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(foto. http://www.huffingtonpost.com)

Destino frustrado, hacia tano viento que no pudimos acercarnos al puerto. Una lástima ya que yo lo conozco y quería enseñárselo a los peques… habrá que volver jajajaja

Dubrovnik. Situada en la costa Dálmata, el tesoro de la costa adriática meridional…  es una ciudad fuertemente vinculada con Venecia y aun hoy puedes ver en sus calles testimonios del dominio de esta ciudad italiana.

Cotilleo de mama. La ciudad es preciosa, pero a los niños lo que más les gusto fue la tienda de chuches “Capitán Candy”. No os podéis imaginar que es eso, toda la tienda de gominolas de todos los tamaños y sabores, milagroso fue salir de allí sanos y con algún euro en el bolsillo.

Ojo. No dejan hacer fotos dentro, así que tuvimos que hacerlas de extranjis jijiji.

Pero no solo hemos conocido ciudades, también….

*Nos hemos bañado en la piscina.

*Hemos participado en concursos.

*Hemos visto espectáculos.

*Hemos jugado y estado en familia.

*Hemos ido a fiestas.

*Hemos salido por los  aires.

*Hemos hecho el ganso.

*Hemos ido a ponernos guapas.

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*Hemos sido princesas por un día, con baile incluido.

*Hemos aprendido a ser capitanes de un barco, con diploma como premio.

*Hemos conocido las entrañas del barco. Nos metimos hasta en la cocina.

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No me extraña que algún día haya sido difícil levantar a alguno jijiji.

Creo que una imagen vale más de mil palabras, pero por si acaso os diré que NOS LO HEMOS PASADO GENIAL, que nos ha gustado tanto la experiencia que repetiremos seguro. No sé si con la misma compañía o con otra, si con tan grande o uno más pequeñito, pero que ya estamos buscando nuevos mares que surcar… SEGURO.

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Ahhh antes de que se me olvide. Aquí van algunos consejillos para no llevarnos sustos.

  1. Investigad sobre las edades mínimas aceptadas en el barco.
  2. Elegid bien el tipo de camarote que necesitéis.
  3. Reservad con antelación los horarios de las comidas.
  4. Preguntad que se puede y que no se puede subir al barco.
  5. Averiguad si hay servicio de entretenimiento para los peques.
  6. Embarcad ya con las excursiones reservadas. En la propia página suelen explicarte las opciones.
  7. Reservad los pasajes con suficiente tiempo, suele haber diferencias de precios, además, consultad si tienen paquetes familiares ya que rebaja algo el precio final.
  8. No todos los paquetes llevan la bebida incluida así que ojo para no llevaros sustos al final.
  9. Aunque llevan un “hospital” a bordo, éste no es gratuito, así que no olvidéis de llevaros un botiquín básico para el viaje.
  10. Tened al día vuestra documentación, no en todos los destinos basta con el DNI, hay veces que hace falta el pasaporte.

Y ahora si que si…. Que, osanimáis? 

Bs

Pd. Si te ha gustado comparte por fa.🤗

Bem-vindo a Lisboa (2)

¿Preparados para el segundo día? Hoy nos toca Belém y parque de las Naciones.

Como nos acostamos relativamente pronto (estábamos muertos y encima nuestro reloj biológico aún tenia hora española) a las 8.30  tocó diana, aquí también hubo cambio de hora (una hora menos de una hora menos jajajaja) pero los teléfonos de hoy en día son súper inteligentes y nos despertaron a la hora correcta. 🙂 Entre duchas etc. bajamos a desayunar sobre las 9.20 y a las 10.00 estábamos listos para una nueva aventura.

El día estaba organizado para que tanto los mayores como los pequeños nos “divirtiéramos” y los destinos estaban un poco a desmano entre ellos, así que como sabíamos que habían parkings en ambos, decidimos ir en nuestro coche.

1er Destino…. BELÉM

Por lo que había leído en diferentes guías, Belem es una zona de los más agradable para los niños, si el centro histórico con sus cuestas y adoquines puede llegar a ser un poco pesado para ellos al final del día, Belém no, es una zona cercana al rio Tajo, rodeada de jardines donde poder descansar y jugar en alguno de los momentos muertos de la jornada.

¡Qué bonito! Yo nunca había estado, pero creo que es uno de los sitios obligados por conocer cuando se visita Lisboa.

Belém es un barrio al oeste de la ciudad, casi, casi a las afueras y alberga dos de las más importantes obras de la arquitectura manuelino (estilo de arquitectura gótico portugués que destaca por la cantidad de elementos decorativos propios), el Monasterio de los Jerónimos y la torre de Belém.

Como no podía ser menos no cabía un alfiler más. Domingo, puente y un tiempo espectacular eran las condiciones ideales para que cientos de personas tuvieran, una vez más, la misma idea que yo. 😦

Aparcamos justo delante del Museo de la Republica, una construcción rosa con soldados en la puerta que atrajeron más de la cuenta a Jorge jejeje, pero decidimos no ir (lo dejamos para la siguiente visita) al ver las riadas de personas que se dirigían al mismo punto que nosotros, al Monasterio de los Jerónimos.

Este monasterio que nada tiene que envidiar al nuestro en Madrid, fue construido a principios del siglo XVI para conmemorar el regreso del Navegante Vasco de Gama en su expedición a la India.

Se puede visitar, (los domingos es gratis) pero merece la pena por ver sobre todo el Claustro que es una maravilla.

Cotilleo de mamá practica: Al igual que digo que el centro histórico de Lisboa es complicado para ir con el carrito, la zona de Belém es todo lo contrario, sus calles son lisas y sin desnivel.  Además, tal y como os dije en el Castillo de San Jorge los niños y los carritos tienen preferencia en el turismo lisboeta, así que aunque la zona esté concurrida se pueden evitar las colas con ellos.  😉

 Si lo que acabábamos de ver era bonito, a menos de un kilometro de distancia y tras un agradable paseo por la orilla del Tajo nos encontramos con la Torre de Belém, construida como torre de defensa pero que en la actualidad, lejos de mantener su función original, es uno de los monumentos más turísticos y conocidos de la capital de Portugal.

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Como nos leyó Lucia en la guía, se construyó durante el siglo XVI con el objetivo de defender la ciudad por la orilla del Tajo. Pero esa no  ha sido su única función, también se usó como faro y como centro aduanero.

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No os digo nada de la cola que nos encontramos (los domingos su entrada es gratuita) ya que se pueden visitar por dentro, pero yo creo que merece mucho más la pena por fuera.

Los enanos se lo pasaron bomba contando los cañones que asomaban por cada una de las ventas de la torre (creo que son 16),  el puente colgante que une la torre a tierra firme y donde, según su padre, algún prisionero habrían tirado por ahí. Pero sobre todo descubriendo donde está uno de los adornos más originales de esta construcción, un rinoceronte que según nos contó nuestra guía más especial  tiene una historia fantástica, pues se cuenta que representa a un regalo que recibió el rey y al que se le hizo luchar contra un elefante para ver quien era más fuerte. El elefante huyo y el vencedor fue enviado como regalo al papa, con tan mala suerte que murió durante el naufragio del barco en el que viajaba.

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Apunte de mamá: La Torre de Belém, al igual que el Monasterio de los Jerónimos son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Aviso a navegantes: La Torre de Belem cierra todos los lunes, además de las fiestas típicas de navidad, Semana Santa y la del trabajo. Así que os recomiendo que cuando tengáis pensado ir a Lisboa echéis un vistazo primero a los horarios de apertura de vuestros destinos, los lunes suele ser mal día!

Ya se acercaba la hora de comer y decidimos volver a la zona del Monasterio. Lo hicimos por el mismo camino, el paseo es súper bonito y nos faltaba por conocer el tercer icono turístico de la zona,  el Monumento de los Descubridores que representa a algunos de los principales navegantes portugueses de la historia.

Se construyó en 1960 para la conmemoración del 500 aniversario del Infante Henrique el Navegante que descubrió Madeira, Cabo Verde y las islas Azores.

Nos llevamos un poco de chasco porque al llegar nos lo encontramos rodeado completamente por andamios,  estaba en plena rehabilitación snif, snif… Pero la foto no podía faltar….

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Aunque están en plenos trabajos  el ascensor sigue funcionando y puedes subir a disfrutar, una vez más, de unas vistas fabulosas del rio, del puente, de la zona oeste de la ciudad y del mosaico de mármol rosa de los vientos que está al pie del monumento, que según nuestra guía mide 50 metros de diámetro y fue un regalo de la Republica de Sudáfrica.

Nosotros no  subimos pero no perdimos la oportunidad de aprender con los peques donde estábamos en el mapa. 🙂

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Al final nos retrasamos con el paseo y llegamos justo a la hora “española” de comer. Con los miles de turistas españoles que había os podéis imaginar el estado de los restaurantes por la zona, así que antes de tener un problema con el “hambre” de los peques y no tan peques caímos en uno de los “clichés” del turista,  comimos en el Mc Donald´s jajajaja.

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Con foto incluida. (No podía ser menos) 😉

Lucia, que es igual que su madre, una golosa de pies a cabeza,  sabia (la noche anterior quiso ayudarme con el planning del día)  que una de las cosas típicas de Belém son sus pastelitos y aprovechando que el Tajo pasa por Lisboa, bueno, que el Mc Donald´s estaba justo enfrente de la pastelería Belem quiso comprar alguno de estos manjares.

¿Pero que son los pasteles de Belém, Lu?, preguntó Jorge mientras estábamos en la cola, porque aquí también tuvimos cola jajaja…

Lucia con esa voz dulce que pone cuando le explica algo a su hermano se lo explicó de maravilla…. “Jorge, en Portugal son típicos los pasteles de nata y estos que vamos a probar son iguales pero hechos con una receta secreta que solo hacen en esta tienda”.

La cola no fue exagerada, aun estábamos aún en hora de comida y añadido a la efectividad de los dependientes de la tienda, en apenas cinco minutos estábamos pagando nuestro pack de seis pastelitos de Belém.

Aunque puedes disfrutarlos junto a un café dentro de la cafetería, nosotros decidimos catarlos sentados en un banco del enorme parque de enfrente, disfrutando del solecito y mientras los enanos hacían alguna de las suyas.

Cotilleo de mamá golosa: Estos pasteles es el mejor regalo que puedes llevar a casa, son ricos, baratos y aguantan hasta tres días en un estado perfecto.

 2do Destino…. PARQUE DE LAS NACIONES

 Después de un receso tan dulce nos convenía andar un poquito, justo el camino hacia el coche,  introdujimos la dirección en el GPS y  nos dirigimos próximo destino el “Parque de las naciones”.

Una zona moderna y alejada del centro donde se instaló la Expo 1998 y que muchos aún  no saben la cantidad de ofertas de ocio que hay para los peques….

Está situado en la zona noreste de la ciudad junto al rio y además de numerosos bares y restaurantes cuenta con edificios de construcción moderna con acero y cristal,  entre los que se encuentran la estación de Oriente de Calatrava o el Pabellón Atlántico que hoy en día se usa para celebrar conciertos y  algún evento deportivo.

Nuestro primer objetivo por cuestión de horarios era el Pabellón del conocimiento y ciencia viva donde se encuentra un museo interactivo de tecnología y ciencia para niños, allí ellos serán los protagonistas. Un museo donde todo lo que hay se puede tocar.

Como todo museo tiene sus exposiciones permanentes…

“Explotarorium”. Primera zona del museo y  en la que se llevan a cabo diferentes experimentos científicos y algunos tan chulos como estos.

“Mira, haz y aprende”. Zona en la que los más peques pueden desde construir una casa hasta descubrir si están en forma.

 “Doing”. Un espacio para crear, hacer, experimentar, construir…. 500 metros cuadrados para los niños curiosos e ingeniosos que quieren descubrir cómo se hacen las cosas. Desde cómo hacer un zapato, coser, hacer un avión de papel que vuele, hasta crear un circuito eléctrico.

Y exposiciones temporales…. Como la que nos tocó a nosotros y que por cierto nos encantó. “Riesgo”, exposición destinada a todos los públicos, sobre todo a partir de los 6 años, en la que a través de sus diferentes módulos interactivos nos permiten medir el nivel de riesgo que tienen cada una de nuestras acciones del día a día.

Nos lo pasamos genial pero como todo lo bueno acaba… Suerte que aun nos quedaba el Oceanográfico.

Justo al  lado del Ciencia viva esta el oceanográfico de Lisboa, otra apuesta segura para que los peques se diviertan y donde nos podemos encontrar más de 15.000 animales de 450 especies diferentes provenientes de los cuatro ecosistemas que tenemos en el planeta… Indico, Atlántico, Pacifico y Antártico.

Vasco (mascota del Oceanográfico) nos recibió en la mismísima puerta. No pudimos evitar hacernos una foto con él.

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Ojo al dato: El oceanográfico de Lisboa es el segundo más grande de Europa, después del de Valencia.

Desde la mismísima entrada íbamos con los ojos sin pestañear, las instalaciones estaban  “flotando” en el rio, y el gran tanque central que nos recibió nada más cruzar el torno de seguridad era alucinante, en él conviven en plena armonía especies que en un principio te pueden parecer tan dispares como son tiburones, peces tropicales, rayas, besugos, barracudas o mantas. ¿Habéis visto buscando a Doy? , pues es igualito… 🙂

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Los enanos se quedaban mirando hipnotizados cada vez que se nos cruzaba por nuestro recorrido…

La visita no tuvo desperdicio, vimos pingüinos, peces de colores, pulpos, ranas, las nutrias (las más famosas del lugar aunque a nosotros nos tocó verlas en su hora de la siesta), cangrejos enormes, medusas….

Recomendación de mamá No apta para los que sufran de vértigo: No se puede ir uno de la zona de la Expo sin subir al teleférico, 1300 metros  sobre el rio que te lleva desde el Oceanográfico hasta la Torre de Vasco de gama. Yo sufro de vértigo y  no subimos, pero que conste que me quedé con las ganas….

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Foto: http://www.oguiadeportugal.com

Fue una tarde súper divertida y los enanos se lo pasaron en grande. ¿Qué más se puede pedir?

Os podéis imaginar que a nuestro día le quedaba poro recorrido… vuelta al centro, una cena ligera (después del Mc Donald´s no podía ser de otra manera) y a mimir….

Día 3… Sintra.

Después de una noche reparadora (y eso que nos retrasamos al ver el famoso y comentado concierto de O.T “El reencuentro”) estábamos preparados para nuestra última jornada en Lisboa.

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En Lisboa faltaban muchos museos que ver (otra excusa para volver 😉 ) pero queríamos que vieran algo diferente, un pueblito entre montañas, escondido entre bosques y con multitud de castillos que a los niños les llevaría a los escenarios de muchos de sus cuentos de fantasía.

Es un destino súper visitado por los turistas, esta súper cerca de Lisboa así que aquí si me voy a parar a daros algunas pistas para que vuestra visita no sea un fracaso.

Confesión de mamá: La nuestra lo fue un poquito,  se juntaron muchas situaciones adversas,…se me olvidó la cámara, el móvil no tenía mucha batería pues se me olvidaron los cargadores en Madrid y teníamos uno para dos, más gente que en la guerra… jajajaja pero aun así, mereció la pena. (Aunque volveremos 😉 )

Un poquito de historia….

Sintra, ya era importante en la época de los descubridores, muchos de ellos establecieron allí su residencia. El terremoto de 1755 no fue justo con ella y se llegó incluso a pensar que ya no volvería a ser la que era. Pero no,  en el siglo XIX la monarquía, aristocracia, comerciantes y artistas participaron en su resurrección como villa romántica y de ensueño.

Cotilleo de mamá: Por lo que he leído en muchas guías y páginas web sobre esta pueblecito con encanto… mucho se ha estudiado sobre ella y cuenta la leyenda que en la nueva era de la vieja Sintra se convirtió en el refugio veraniego de monarcas, ricos y masones con escasez de cordura que reflejaron en sus palacetes, secretos inconfesables al mundo y que cuyos orígenes solo se podrían llegar a entender en los sueños.

1er consejo de mamá para que la visita sea un éxito. Sintra no es un sito que se pueda ver en una vez, hay que elegir entre las múltiples opciones que nos ofrece. Ni una súper mamá acostumbrada a los encajes de bolillos podría cuadrarlo en una sola jornada y  conseguir que todos disfruten y sobrevivan a la excursión. Por eso  aquí sí o SI, HAY QUE PROGRAMAR la visita.

2do consejo de mamá para que la visita sea un éxito. Revisad tanto la situación como  los horarios de apertura y de cierre de cada uno de los sitios que vayáis a visitar. Casi todos suelen abrir sobre las 9.30, pero el cierre suele ser diferente y puede que si os pillan lejos el uno del otro os quedéis a medias en vuestro programa.

Por ejemplo. Ver el Palacio de Sintra y la Quinta da Regaleira no necesita coche pues están relativamente cerca. Igual pasa con el palacio de Pena y el Castillo de Mouros que se pueden hacer a la vez, pero para ellos hay que ir en coche, andando puede ser una hora larga y cuesta arriba. Hay parkings gratuitos pero se llenan enseguida así que… “toca madrugar para no lamentar”. 🙂

3er consejo de mamá para que la visita sea un éxito. Cuidado con los precios de las entradas, no son demasiado económicos, pero existen opciones para que salgan un poco más baratos.

Se puede comprar la Lisboa card con la que te hacen un descuento entre 1 y 2 euros y además te sirve para los transportes públicos de la capital, o se pueden compra paquetes de entradas para ver varios sitios a la vez en la Oficina de turismo de Sintra.

Sintra bien merece una entrada aparte, por eso hoy tan solo  os voy a dar unas pinceladas sobre  algunos de sus sitios más característicos para ir abriendo boca.

Palacio Nacional. (Horario: 9.30 a 19.00 con última entrada a las 18.30)

Se encuentra justo en el centro de Sintra, a los pies de la montaña. Su color es blanco y no tiene perdida, sus chimeneas en forma de cono (su elemento más característico) se ven desde cualquier punto de la villa.

Se Pueden ver casi todas sus estancias… salones, habitaciones, capilla…  pero lo que sin duda tuvo más éxito con los peques fue la cocina, enorme y con todo el menaje necesario para hacer un gran banquete señorial.

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Quinta da Regaleira. (Horario: 10.30 a 17.30 a 20.00 dependiendo del mes)

Los que nos seguís en Instragram o facebook habéis visto que hace unos días publicamos una foto preciosa de una cascada, ¿os acordáis?. Muchos me habéis preguntado dónde era cuando os contestaba os sorprendíais y me comentabais que habíais estado en Sintra y no lo habíais visto…. Esa foto es de aquí, de uno de los secretos mejores guardados de Sintra.

Esta quinta no es solo una finca enorme con un palacete. Si tuviera que describirlo diría algo así como que es un viaje a un mundo mágico y misterioso, lleno de laberintos subterráneos, torres invertidas, lagos de nenúfares que si los cruzas con el pie equivocado tienes que dar marcha atrás y cientos de hectáreas de jardines en los que si no vas con un mapa te puedes perder con facilidad.

Ojo: Esta maravilla no entra dentro del pack de entradas de la Oficina de turismo, está gestionado por una empresa privada.

Castillo de Mouros. (Horario: 9.00 a 20.00 con última entrada a las 19.00)

Aunque a día de hoy casi solo queda la muralla y es una visita más natural  que de conocer… este Castillo fue construido por los árabes allá por el siglo VIII en la cima de la Sierra de Sintra con el objetivo de podía controlar las principales vías de acceso de sus posibles enemigos, llegando incluso a otear el océano.

Foto: http://www.traveladventures.org

Palacio de Pena. (Horario: 9.45 a 18.00con última entrada a las 17.00)

Sin lugar a dudas el lugar más conocido de todo Sintra. Un castillo de los que nada tienen que envidiar los cuentos de princesas y caballeros.

Castillo construido por el rey Fernando II de Portugal y lugar donde veraneó la familia real hasta 1910. Su característica más llamativa son los colores con los que están pintados sus muros,  rojo,  Amarillo y azul.

Foto: http://www.Qvisitar.com

Comentario de mamá: Todo esto y mucho más es lo que ha hecho que Sintra fuera declarado  Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995.

El día se nos hizo corto y nos quedaron muchas cosas por visitar: El Convento de los Capuchinos, el Palacio de Monserrate, el chalet de la Condesa de Elda o el Palacio Nacional de Queluz (por eso volveremos 🙂 ). Pero estábamos cansados y aún teníamos que volver a Lisboa y  cenar en uno de los sitios más típicos de la capital, “la casa do Alentejo”.

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Al día siguiente… vuelta a casa, no sin antes parar a comer en el Parador de Trujillo que no conocíamos y nos encantó.

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Después de estas dos últimas entradas no os descubro nada si os digo que nos ha encantado esta zona del país Vecino. Portugal lo tiene todo….Está cerca; es económico; tiene buen tiempo; es rico en cultura, paisajes, gastronomía y sobre todo en hospitalidad, su gente enseguida se esfuerza en hablar castellano y ayudarte con cualquier duda que tengas.

En resumen…. PERFECTO PARA IR CON NIÑOS.

Nosotros volveremos  y  vosotros… ¿Os animáis?

Bs

 

 

Bem-vindo a Lisboa (Parte 1)

Llevaba una temporada queriendo ir a Lisboa. Además de bonito, no excesivamente lejos de Madrid, (bueno unos 625 kilómetros 🙂 , pero acostumbrados a subir a Galicia podríamos decir que no está excesivamente lejos) y siempre  había oído que era perfecto para ir con los peques.

La verdad es que desde que tomé la decisión hasta que lo llevamos a cabo ha pasado tiempo, siempre surgía otro plan que hacia retroceder a Lisboa en el escalón de las preferencias. Pero aprovechando los días de vacaciones de los enanos por “culpa” de Halloween y que nosotros en el trabajo no teníamos mucho follón  me lancé a organizarlo.

Tengo que reconocer que aunque el planing estaba muy calculado, la puesta en práctica fue un poco a “mata caballo”.  Manu como buen gallego me decía que en esas fechas nos podíamos encontrar con cuatro días horribles de lluvia y parte de razón tenía pues no dejaba de ser finales de Octubre, pero a medida que avanzaba la semana las previsiones de tiempo  parecían buenas y  mi compañera Inma (extremeña) me  decía que por en ese puente nunca llovía, así que en un ataque de “me lanzo a la piscina” me puse a buscar hotel.

Aquí es donde mi nube de algodón se deshizo, haciéndome caer de golpe a la realidad… la feliz idea de viajar a Lisboa no era solo  mía, otros tropecientos turistas la habían tenido igual y  gracias a mi indecisión la oferta de habitaciones en la ciudad no era demasiado amplia. Pero a toro pasado tengo que decir que la elección de hotel que tomé (eso sí, por eliminación) no fue para nada mala, aunque me sigue dando un poco de rabia no haberlo hecho con más tiempo ya que había oído que  las opciones que la ciudad lusa ofrece al hospedaje en familia son magnificas.  (Habrá que repetir jajajajaja).

Hice las maletas el jueves y el viernes por la mañana las cargamos en el coche, así que cuando salimos de trabajar solo tuvimos que recoger  a los peques y nos pusimos rumbo a la A5 que prometía estar colapsada.

Si, la A5 estaba hasta arriba, pero no fue tan trágico como me lo imaginaba y  el viaje no se hizo demasiado largo con siestas del papá y  peques, sumado con algún receso para repostar.

A las 21.45 hora española, 20.45 hora portuguesa (siiiii tienen una hora menos) estábamos cruzando el puente 25 de abril, ¡alucinante aun siendo de noche! y veinte minutos después (con un par de vueltas de más por eso de perdernos) entrando por la puerta del hotel.

Al día siguiente nos despertamos pronto y no por voluntad propia sino por lo de la hora menos jajaja. Hacia un día precioso que no podíamos desaprovechar así que cogimos fuerzas con el desayuno y a la calle… 🙂

Inciso de mamá: Si sois de los míos que os estudiáis los viajes antes de ir genial, pero si no os recomiendo que en Lisboa al menos lo hagáis  por encima,  tiene tantas opciones y cosas que ver que un poquito de organización anticipada  os hará ganar tiempo.

Si os parece…  este viaje os lo voy a contar en dos partes, los tres días de golpe  en un solo post puede llegar a ser hasta un poco pesado, así que en cuando acabe nuestro primer día pondré un “to be continue…“ y la próxima semana publicaré el resto con más visitas y experiencias.

Pero como siempre y antes de nada os quiero dar algún consejo para que vuestra visita sea perfecta.

Consejo 1: Lisboa, al igual que Roma está construida entre colinas, así que os vais a pasar mucho tiempo subiendo y bajando cuestas. Tenedlo en cuenta para llevar un calzado cómodo y un poquito de paciencia con los peques. Diría que el carrito no es buena idea en esta ciudad, pero no os agobiéis, el transporte público es bastante bueno para movernos por la ciudad.

Consejo 2: Lisboa es una ciudad templada. Los otoños y los inviernos en esta zona no son demasiado duros ni con demasiada lluvia. A partir de primavera las temperaturas son muy agradables pero con mucho sol desde Mayo a Septiembre, (y este año hasta noviembre) si vais por estas fechas, no olvidéis crema  y una gorrita para los peques.

Por eso, Lisboa es una ciudad que se puede visitar durante todo el año si adecuamos un poco la ropa con la época.

Consejo 3: Hay que tener mucho cuidado con las carteras y mochilas, las zonas turísticas de Lisboa son de las favoritas para los carteristas.

Consejo 4: Los horarios de Lisboa son algo diferentes a los nuestros. Aprovechando la luz del sol. Las tiendas y los museos suelen abrir a las 9.00 y cerrar sobre las 17.00-18.00, aunque siempre hay excepciones, sobre todo los Centros comerciales que abren de 10.00 a 22.00.

También existen diferencias en los horarios de comidas. Los portugueses suelen comer entre las 12.30-13.30 y cenan de 19.30 a 21.30, así que tenedlo en cuenta si pensáis vómer en algún restaurante que no sea de la zona turística.

Ahora ya,  si podemos empezar….

DIA 1. Centro histórico.

No se puede decir que se  conoce Lisboa sin visitar su casco histórico.

Jorge tenía muchas ganas de conocer “su” Castillo por lo que no podíamos empezar nuestra aventura lisboeta de otra manera que subiendo al Castillo de San Jorge (Castelo de Sao Jorge), así que nos dirigimos al barrio de la Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa, con pequeñas callejuelas en las que se puede ver lo más tradicional de la ciudad. En definitiva, una de las zonas más típicas de la ciudad  y en la que circula uno de los iconos de Lisboa, el tranvía, con una de las rutas más famosas, la ruta del 28.

Confesión de mamá: Tengo que reconocer que nuestro primer destino iba a ser en la primera parada de este mítico tranvía, pero cuando llegamos a las 10.00 de la mañana (hora portuguesa) la cola era de 3 horas según el encargado, así que os podéis imaginar que con dos niños pequeños esa opción no se podía ni considerar por lo que tiramos de piernas y la hicimos andando.

Moraleja de mamá: Si queréis montar en este tranvía, tenéis que hacerlo a primerísima hora de la mañana o a ultima, sobre todo en época de primavera- verano y festivos. 😉

Tras un par de cuestas empinadas o quizás tres, llegamos al Castillo de Lisboa, símbolo de la ciudad, un edificio fundamental en la reconquista portuguesa y  desde donde, gracias a su situación privilegiada encima de una de las siete colinas de Lisboa, se puede disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad.

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Jorge estaba emocionado paseando encima de sus murallas, sus cañones,  viendo las alacenas y subiendo a cada uno de los torreones.

OJO. Hay que estar atento con los niños, algunas de las zonas tienen poca altura de protección para ellos y puede que lo que es algo divertido se convierta por alguna imprudencia en algo peligroso.

Consejo de mamá: A nosotros no nos tocó una cola excesivamente pesada pero en el hotel nos comentaron que si vais en uno de esos días de turismo total, la cola para comprar las entradas puede ser muuuuuy larga, así que mientras un adulto se queda en la cola (por si acaso… 😉 , el otro se puede acercar con los peques directamente al mostrador y comentar que vais con niños, suelen vender las entradas sin esperar.

Por la tarde, tras reponer fuerzas en un restaurante que aunque original no os voy a recomendar jajaja, nos dirigimos  la zona de la Baixa, otro de los puntos importantes del casco histórico de la ciudad y que sería un pecado no conocer.

La Baixa (barrio Bajo) es la zona llana de la ciudad, con calles rectas en forma de cuadricula y cuya arteria principal es la Rua Augusta que atraviesa el barrio de Norte a Sur.

Aunque esta visita debería empezarse por el Norte, por la plaza de Don Pedro IV más conocida como el Rossio, nosotros lo hicimos al revés… Empezamos por parte más bonita para mi gusto, por la Plaza del comercio, también llamada la terraza de Palacio. Flanqueada por los costados con las colinas de Alfama y el Chiado y por el sur con la orilla del rio Tajo.

Qué bonito…. Cuantas fotos nos hicimos y a pesar de la gente que había cuanta tranquilidad se respiraba con el sonido del rio. Aprovechando que los enanos estaban sentados junto a la orilla les conté que la explanada que teníamos delante era la plaza más importante de la ciudad pues simboliza la apertura de Lisboa al exterior.

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Cotilleo histórico de mamá. Esta plaza era donde se recibían a las autoridades que visitaban la ciudad y era donde, antes del terremoto del siglo XVIII se encontraba el Palacio Real. En la actualidad la plaza está rodeada de edificios porticados entre los que se encuentran muchos de los ministerios de Portugal.

Tras un ratito aquí, nos dirigimos a la Rua Augusta y  mientras cruzamos el imponente arco de la entrada, les explicaba que los que las calles que veíamos no eran así antes, las olas que provocaron el terremoto en el siglo XVIII arrasaron la ciudad y se tuvo que reconstruir casi al completo.

Se notaba que esta calle es la zona turística por excelencia, sus aceras estaban llenas de restaurantes, tiendas de recuerdos y espectáculos callejeros.

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En nuestro paseo descubrimos el “Elevador de Santa Justa”, una imponente construcción en hierro que muchas veces, por su fisionomía se le atribuye a Eiffel pero no es correcto, su constructor fue portugués aunque discípulo del francés.

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Cuando leí sobre él me sorprendió descubrir que aunque su uso en la actualidad es casi en exclusiva para el turismo, tiene uno de los muchos miradores con los que cuenta la ciudad, aún hoy forma parte del sistema de transporte de Lisboa pues une los barrios de Chiado y la Baixa.

Consejo de mamá: Os digo lo mismo que en el tranvía, para subir aquí o venís a deshoras o con mucha carga de paciencia. 🙂

Casi sin darnos cuenta habíamos llegado a la plaza de Don Pedro IV(por la estatua del centro) o del Rossio, antiguo mercado medieval y punto de encuentro de los lisboetas, donde se encuentran la estación central y el Teatro Nacional Maria II.

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(foto: http://www.aboslutportugal.com)

Los enanos estaban cansados y buscamos una cafetería cerca para poder repostar energías, tuvimos la suerte de dar con la Confitería Nacional cuya terraza (en la Plaza da Figueria) tienen unas vistas espectaculares al Castillo de San Jorge.

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Los papis sabemos de sobra que si a un peque o no tan peque se le deja descansar después de un largo paseo será difícil volverlo a encauzar en la excursión y eso nos pasó con nuestros hijos. Menos mal que en esta plaza estaba una de las paradas de los autos turísticos de moda en Lisboa jajajaja. Los TUKTUK.

Yo solo había visto estos elementos de transporte en Italia, me parecían súper curiosos viendo a la gente dentro recorriendo las carreteras a una velocidad media no superior a los 80 kilómetros por hora.

Estos vehículos motorizados de tres ruedas  se inauguraron en  2012 y hoy en día es una de las opciones más usadas por los turistas en la capital. Hay mil opciones, recorridos y precios, a nosotros nos faltaba por conocer la zona del Chiado (barrio Alto) para acabar con el planning del día, así que contratamos una hora por 50 euros.

Cotilleo de mamá: El nombre del barrio procede de un fraile franciscano del siglo XVI que colgó los hábitos para dedicarse al teatro y  que se hizo tan famoso que hasta su nombre le pusieron a una de las zonas más elegantes de la ciudad en esos años.

Como nos reímos, parecía una atracción del parque de atracciones con las cuestas, los adoquines y el tráfico. En alguna ocasión llegué a asustarme un poco, pero lo tienen totalmente controlado. Como pasa en Italia…. “es un casino (lio) controlado”. 😉

Con nuestro TUKTUK paseamos por las callejuelas del barrio más intelectual y bohemio del casco histórico.

Cotilleo de mamá. Según nos comentó nuestro guía, este barrio también se ha tenido que reconstruir tras un incendio de 1988 y la pena es que con ella se perdió un poco el estilo tradicional, convirtiéndolo en más comercial.

Conocimos el Teatro Trinidade, la plaza “Largo de Camöes y la Iglesia dos Mártires. Llegamos incluso al Parlamento portugués y la Basílica da Estrala que la Princesa María Francisca Isabel ordenó construir en pago a su promesa al tener un hijo varón.

Pero lo que más nos gustó y me es imposible pasar por alto…

El mirador del jardín de San Pedro de Alcántara, que está al final de la Rua del mismo nombre , justo al lado del Funicular de la Gloria,  es un balcón perfecto para ver la imagen típica de Lisboa… fachadas de colores y tejados rojos.

Inciso de mamá: Los enanos se quedaron tan alucinados con el “funivía” que tuvimos que volver un par de veces para experimentarlo en persona….

A Brasileira, uno de los cafés más populares de Lisboa y que, aunque se fundó como tienda especializada en la venta de café de Brasil, en los años 30 se convirtió en el punto de encuentro de los artistas de la época.

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No pudimos evitar hacernos una foto con la estatua de Fernando Pessoa sentado en una de las mesas junto a la puerta.

El día acabó cenando en la Cervecería Trinidade, uno de los restaurantes más típicos del barrio Alto. Perteneció a un antiguo convento y está decorado con el típico azulejo portugués.

Consejo de mamá practica: Si os decidís a probarlo os recomiendo reservar antes, es muy conocido y siempre está lleno, en muchas ocasiones hay que guardar cola.

Ahora sí, no podemos más, nos vamos a la cama que mañana nos espera un día igual de intenso que el que estamos dejamos atrás…. “Sweet dreams”

Bs

To be continue……